Del óbolo al símbolo


Aparcamiento Reina Sofía./Foto: Irene Lucena

En una reciente entrevista a Gabriel Heras, médico intensivista del hospital de Torrejón de Ardoz y promotor del proyecto de humanización de las unidades de cuidados intensivos, realizada por ‘Granada Hoy’, nos encontramos con un contundente titular que resume qué idea se tiene de la denominada clase política: “Fernando Simón era muy respetado. Pero mintió y se convirtió en político”. Titular excelente, y que concreta no solo parte de las opiniones del señor Heras sino, como decimos, de la mayoría de la población (contribuyentes en gran número)  respecto al ejercicio de la política. Y sobre la figura del ahora motero de pasarela Fernando Simón.

Es a Groucho Marx quien se atribuye otra cita que se asocia con la política: “Estos son mis principios. Si no les gustan, tengo otros”, aunque no queda claro que fuera el gran humorista y actor el que la acuñara. No importa tanto la autoría como el sentido de la misma: es habitual escuchar en política una cosa e inmediatamente la contraria. La gestión gubernamental del tenebroso dúo González- Iglesias ha sido un constante ejercicio de ello.

Viene todo esto a colación por la semana que acaba, en la que la Plataforma Parking Reina Sofía ha vuelto a mostrar un supino cabreo por lo que consideran, cuando menos, una tomadura de pelo. Argumentos y hemeroteca no le faltan para ello.

El aparcamiento del hospital Reina Sofía en realidad nunca ha existido o no pueden considerarse de tal condición las instalaciones que se han adecentado más mal que bien en los casi 50 años de existencia del complejo hospitalario, como muy bien recordaba ayer, aquí mismo, nuestro compañero Jesús Cabrera. Una historia que tiene más recorrido que estos cuatro años últimos, cuando en 2016 el PSOE en el gobierno de la Junta, y la Consejería de Salud de entonces, trató de que la explotación económica del aparcamiento sufragase la construcción del nuevo materno infantil. Unos suelos de titularidad pública, o sea, de los cordobeses, pagando con su tarifa parte de una nuevas instalaciones hospitalarias que también sufragan los contribuyentes. Andaluz que vienes al mundo te guarde Dios,  el impuesto de sucesiones o la doble contribución te han de helar el corazón. Y el bolsillo. Tal era la modernización andaluza socialista, una de las varias, y así ha sido durante casi 40 años.  

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Aparcamiento del Hospital Reina Sofía. /Foto: LVC

El recorrido de toda esta historia arranca durante el mandato de Rafael Merino como alcalde, cuando se cedieron los terrenos para que una asociación (PM40) que acogía a los parados de más de 40 años gestionaran el parking. En aquel mandato de escasa mayoría y rodeada de poderes fácticos con más peso real y munición que Twitter (que no existía) fue una imaginativa y solvente solución para un agravio que de alguna manera ha durado hasta nuestros días, porque ni Córdoba ni un hospital de la categoría de la ciudad sanitaria merece tal despropósito, Pero sí, el detonante tuvo lugar hace cuatro años y el PP vio una magnífica oportunidad para ejercer de oposición proactiva y abandonar el habitual papel de leal oposición. Y encabezó una plataforma que exigía la gratuidad de las instalaciones y desde 2016 hasta ayer mismo tenemos un reguero de declaraciones en la hemeroteca que lo corroboran, además de memoria en la cabeza.

Todo ha cambiado. Y lo ha hecho con la pasmosa facilidad de la frase de Groucho Marx. Y sin, a priori, querer desmerecer las razones que ahora impulsan al cambio de criterio, a la ciudadanía – esto es, los votantes- se le queda cara de asistente a una rueda de prensa de Fernando Simón. No merece un consejero como Jesús Aguirre, que ha gestionado la crisis del coronavirus junto al gobierno andaluz de manera profesional, solvente y efectiva, esta contradicción. Bien es cierto que no es el primer sapo ni el último  que un diputado, parlamentario o concejal popular ha tenido que tragarse en pos de la disciplina de partido que se negocia entre las malolientes y generalmente oscuras bambalinas del poder. Aguirre, en esta ocasión apela al “tipo jurídico más ajustado a Derecho determinado por los servicios jurídicos del SAS”. O sea, ha disparado al pianista. Ha señalado al maestro armero para decir ‘digo’ donde hasta anteayer decía Diego. El precio por aparcar, ha añadido, será ‘simbólico’. Del óbolo solidario para aquellos lejanos parados de más de 40 años al símbolo de una promesa incumplida y una reivindicación que ahora se nos antoja solo estrategia política como las palabras de Fernando Simón en sus comparecencias.  

Que un socialista – del PSOE/A- en el parlamento además pregunte que cuanto vale la palabra del consejero también es de premio, pero desde luego se lo han puesto a huevo. A tiro de precio simbólico.

“Sin coherencia no hay ninguna fuerza moral” dijo un socialista utópico como Robert Owen. Que haya tenido que recurrir a él para finalizar esto también es de premio. Y todo un símbolo de cómo, lamentablemente, la política se ha ganado una fama que tristemente aprovechan los populistas encantadores de serpientes.

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