Diario de una prórroga.- El desmadre.

258

Aguirre
Fase de desconfinamiento

Tengo lectores que me regañan. Me localizan por las redes y me piden explicaciones de por qué no llevo el diario al día y yo le contesto que no me gustan las redundancias. Este es un diario liberal y un tanto ácrata. Este diario es España, en realidad. Tiene sus fases y lo mismo entra en una como alcanza la cogobernanza, que es un ripio de identidad vasca.

Agradezco, obviamente, el interés. A mí si no me riñen varias veces al día y desde distintos frentes es que no me siento inspirado. En el fondo  de mi musa late un niño buscando un zapatillazo materno. Puede que sea una fase no superada entre la etapa oral y la de latencia, ahora que son todos fases, pero nunca me psicoanalicé porque para eso ya están todos los que me afean la conducta. Estamos rodeados de psicoanalistas como Sánchez de expertos. Estamos aún confinados, pero menos, en un estado de prórroga repleto de reales decretos que, cuando todo esto pase – suponiendo que finalice porque es una prórroga revolucionaria- es posible que ya no pueda escribir ni el diario ni en el Twitter sin que un agente de Newtral me pogromice.

Debo confesar que ando confuso con las fases, los desfases y los estudios ignotos de lejanas universidades que apoyan la gestión de nuestro líder. También me sorprende que Bellido comparta programa en la Secta con Ada  Colau. No por Bellido, que merece un programa de alcance nacional – nuestro alcalde y Córdoba, que solo sale en la tele cuando incautan plantaciones parcelarias  de marihuana- sino porque el tándem Bellido-Colau, me parece un poco random. Es como si lo hubieran echado a suertes en la redacción y le hubiera caído a don José María, porque Colau es abonada, claro. Y porque se supone que es una cosa de alcaldes, y Colau es activista, no alcaldesa. Todo está desmadrado, o esa sensación tengo yo, en esta prórroga apoyada por Arrimadas y levitada gracias al PP. Abstenerse es salirse del mundo y su ruido. Es como irte a un monasterio buscando silencio. Esto no va conmigo o sí pero aquí me quedo o no.

Y por eso a veces escribo y otras no. Me quedo esperando cacerolada o aplauso, salida en meyba a la maratón de las ocho o abstención silenciosa en la salita comedor. Mi vida era un ordenado confinamiento y ahora es un desmadre. Empiezo a temerle a la libertad minutada de agenda gubernamental.

No me manejo ya sin que me diga Sánchez qué debo hacer. Es lo que tienen estas prórrogas.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here