Diario de un confinamiento: Día 47. El trifásico.


La desescalada.

No estaba repuesto de mi excursión en autobús cuando Sánchez se ha puesto a  explicar el misterio de la física cuántica. Y así no hay hombre que soporte un confinamiento, ni una suspensión de derechos constitucionales ni otra comparecencia del doctor Sánchez.

He tenido que atender a mi madre, o mejor dicho, ella me ha atendido a mí con varios tuppers, y la suma de mascarilla más gafas progresivas es igual a palpar farolas. “Amistad y dinero, aceite y agua” que decía don Vito Corleone. Pues eso: mientras vas en el autobús puedes ir con el campo de visión empañado y una patilla descolgada, pero es salir a la calle y la mascarilla es el aceite y las gafas, el agua. Hay varios trucos y artimañas para que esto no suceda, y generosamente algunos amigos gafados me las han compartido, pero soy de letras. Hasta sus últimas consecuencias.

Por eso me perdí en la comparecencia de Sánchez. Hubo un momento que esperé a que nos avisara que antes sonaban los cuartos, pero entre la fase 0 y la fase 2 sufrí un rato de cortocircuito. No sabía si podemos salir a ver a la abuela a la terraza de los hermanos Bonillo pero solo si la abuela forma parte del cupo del 30% de clientela permitida, si el sábado puedo comerme media de jamón durante 30 minutos haciendo sprints en La Asomadilla o debo contratar ahora a un entrenador personal para hacer capoeira. Si me queda algo de pasta después de pagar los autónomos, que eso ha quedado claro: a apoquinar, que hay mucho que pagar solidariamente.

Una señora en el bus hablaba con una amiga del tremendo problema que tenía: no podía cobrar la ayuda porque está empadronada en casa de su suegra y allí ya había tres seres humanos cobrando asistencia social. Necesitaba urgentemente un empadronamiento solidario y virtual para que sean cuatro los que cobren. Qué cosas. Estoy por buscar a la señora porque seguro que se ha enterado mejor que yo de la vuelta a la normalidad anormal y sus  circunstancias provinciales y escalonadas. Sánchez, el Trifásico, además se ha puesto innovador: “En España lo vamos a hacer así”. Que inventen ellos. El ‘así’ es lo que ha quedado un poco a la expectativa de las cifras y supongo que de las encuestas. Ocurre que el Gobierno maneja unas cifras que a veces no coinciden con las cifras que maneja el Gobierno. No sé si me explico.

Y a todo esto mi adolescente hijo buscando fechas en la desescalada gubernamental porque necesita ur-gen-te-men-te cortarse el cabello. Como varios miles de españoles, le he tratado de hacer ver. En el apartado de peluquería desescalonada estoy ahora mismo, estudiando si tenemos que entrar con escafandra, si el peluquero puede tocarnos el mentón para el afeitado o directamente me hago  rastafari.

“Fases de transición a una nueva normalidad”, lo han denominado. Es todo tan tremendamente surrealista que ya no leo ni a Tom Sharpe. He superado esa fase.

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