Diario de un confinamiento: Día 42. Los libros.


Una de las cosas buenas que ha traído esta situación es el reencuentro con los libros. No a todo el mundo, desde luego, porque el uso del móvil se ha convertido en abuso y hay días- yo lo hago- que conviene desconectarlo para poder vivir aunque sea encerrado.

El reencuentro con los libros puede ocurrir con el hábito abandonado o con los títulos que uno ha ido dejando para mejor ocasión. Yo personalmente me sitúo entre los segundos y me he lanzado hacia algunos ejemplares que ha quedado en una lista de espera sin razón ni motivo. Porque se cruza otro, porque seguí un orden, porque salté hacia otra cosa y ahí quedó el marcapáginas detenido por meses.

En un día como el de hoy – cuando escribo esto- día del Libro, las redes se han llenado de lectores de postureo. Muchos de ellos colocan un meme o un icono o un gif o un cipotillo digital  sobre la lectura  y los libros. Las redes se llena de bienquedas pero eso no significa que sean lectores. De hecho, los grandes lectores que conozco no suelen alardear de lecturas públicamente salvo alguna excepción que no es alarde sino modesta recomendación. El caso es que hoy ha sido el día de la pose lectora.

Yo he aprovechado para comenzar uno que tenía, literalmente, en cuarentena. Me llegó por Amazon hace unas tres semanas, lo abrí con guantes y lo dejé en una estantería para que muriesen los posibles coronavirus que el ejemplar pudiera tener. Sí, ahora soy un lector hipocondríaco y melindres. El libro en cuestión es “La ideología invisible” de Javier Benegas, al que tenía ganas de hincarle el diente, porque ya me leí un adelanto del mismo hace poco. Benegas en un exhaustivo y documentadísimo periodista que dirige esa maravilla anti-pensamiento único que es el digital Disidentia y sobre todo, un tipo valiente y honesto. Muchas de las situaciones y amenazas que ya estamos sufriendo en España, paralelamente a la crisis sanitaria, se entienden, conocen y avisan en este título. En muchos otros, en realidad. Lo que ocurre es que no disfrutan de la promoción mainstream  como los ‘Orgas(mitos)’ de Lauran Morán o demás gilipolleces que suelen estar amparadas por los grandes grupos editoriales y multimedia que han contaminado la vida cultural en España.

Aunque soy partidario de que cada uno lea lo que le plazca, pero que lea (y siempre mejor en papel) hoy he revisado parte de mi librería y me he encontrado libros ‘a la contra’ que son particularmente necesarios, como el de Benegas, en estos días. Algunos ya descatalogados, pero que tengo la suerte de haber hallado, en algunas ocasiones en librerías de viejo (que son mi paraíso particular) o en ese fantástico portal que descubrí por recomendación de Federico Jiménez Losantos y que es Iberlibro.com

Un cóctel molotov para infarto de totalitaristas es, siempre que los puedan conseguir, los siguientes: ‘La ideología invisible’ (no confundir con el anteriormente citado), de Jesús Trillo-Figueroa; ‘La transición de cristal’, de Pío Moa; ‘Días de ira’, de Hermann Tertsch; ‘Ser de derechas’, del tristemente desaparecido Germán Yanke o una estupenda obra de Javier Somalo y Mario Noya que se titula ‘Por qué dejé de ser de izquierdas’. Todos los tengo, pero advierto que ya no presto libros.

Podía haber tirado por mi modesto gusto por la  poesía o recomendar a Auster, que siempre queda muy bien.Pero el cuerpo me pide otra cosa. Sobre todo por lo que observo y barrunto que llega.

Los libros ayudan a luchar también. Porque en ellos uno encuentra argumentos y libertad.

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