Diario de un confinamiento: Día 41. ¿Tan difícil era?


La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha realizado un emotivo discurso en la clausura, como distópica morgue, del Palacio de Hielo de Madrid. Han sido palabras llenas de respeto, de dolor, incluso de fe, que han sorprendido por cuanto su jefe, el señor Sánchez, minutos antes seguía luciendo una corbata roja mientras comparecía para no comparecer en el Congreso disminuido, minimizado y prostituido. 

Los símbolos y los gestos son importantes. Nos ayudan a entender el mundo, a relacionarnos con él por cuanto son códigos que nos crean y construyen. Nuestra relación con la sociedad comienza desde el primer abrazo de una madre y así alcanzamos, años más tarde,  a conocer y comprender lo que una madre significa y es. El luto, mostrado en una bandera a media asta o en una corbata negra nos relaciona con la muerte que llega para todos, con los que se han marchado pero dejaron su legado de risas, desvelos y años. Los que nos precedieron. Los que nos enseñaron. Los que incluso nunca hemos llegado a conocer. El peor gesto de este Gobierno no ha sido la mentira, ni la ineptitud, ni la soberbia, ni la chulería. El peor gesto ha sido el desprecio simbólico y de facto a los españoles muertos, a las víctimas inevitables y a las que se pudieron evitar. Con el agravante de que además ridiculizan a quienes reclaman esos símbolos. Olvidan – o no- que hacerlo es tan natural como salir al balcón de Ferraz a celebrar unas elecciones. Unos hablan de respeto y dolor, el otro de triunfo. Los gestos. 

Margarita Robles hoy le ha hecho un tremendo favor que no merece al Ejecutivo en el que está. Pero sobre todo le ha regalado un gesto grande a un pueblo que sufre y se desangra, junto a una pista de hielo tan fría como los solitarios muertos que ha albergado, huérfanos de lágrimas y de despedidas, de duelo, de humanidad. 

Puede que quede algo de decencia en los socialistas y sus votantes. Yo a estas alturas lo dudo como dudo del ser  humano en general. Es posible que la última socialista decente sea Margarita Robles, como el último hombre sobre la Tierra tras una pandemia voraz y asesina. Pero su gesto de hoy, sus palabras y su dolor han servido para dar esperanza a un pueblo que ya no cree en nada o solo confirma sesgadamente la realidad  a través sus almas sectarias de Newtral.

No era tan difícil rendir respeto y memoria a los muertos. Espero que cuando todo esto pase tampoco lo sea para la mayoría del pueblo español.

 

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