Diario de un confinamiento: Día 29. El perdón.


Deben disculparme si hoy la cosa es breve. He tenido un día relativamente largo, y a esta hora más que ponerme a escribir me apetece calzarme una pizza (me la he puesto, de hecho) y ver una serie.

Es Viernes Santo. Y no lo olvido. No porque sea particularmente cofrade, que no lo soy, sino porque tanto el Jueves como el Viernes Santo son días de reencuentro con uno mismo. También de irse a la playa, pero no puede ser. Y no lo echo de menos, la verdad.

Hoy se recuerda la muerte de Jesús y  también hoy nos intentan esconder la muerte de mucha gente. El Viernes Santo adquiere una dimensión distinta en este año. De alguna manera, tenemos miles de crucificados y otros muchos miles en su particular calvario. Si el Viernes Santo debe ser un día de recogimiento e introspección, en esta ocasión debe serlo  mucho más para recordar a los que se han marchado solos, asustados y sufriendo. Y a sus familias, también solas y asustadas por cuanto no pueden estar con los suyos ni en el dolor ni en la partida.

Siempre se sostiene que Jesús murió perdonando a sus enemigos (Lucas 23:34) pero en realidad pide al Padre que sea Él quien los perdone,  desde la humildad hacia Dios pero quizá también desde su humana debilidad, porque no es Cristo quien perdona sino el que ruega el perdón – a su Padre- para los que les están clavando en la cruz. Es un acto misericordioso, qué duda cabe, pero así mismo desnudamente humano: perdonar es muy difícil.

Es posible que uno de los retos al que nos enfrentemos durante el tiempo venidero sea precisamente ese: el perdón. Perdonar la desidia, la manipulación, la censura, la mentira, la demagogia, la soberbia, la maldad, la incapacidad y la ruina. De todo eso estamos padeciendo en estos tremendos días. Y muchos en su propia piel. Será necesario abrir el corazón por cuanto el perdón, como la verdad, nos hace libres. Jesús nos los enseña cada Viernes Santo.

Pero antes y de manera rotunda tendrá que haber justicia. Por eso se me antoja tan difícil el perdonar, porque sospecho que estos muertos  que son nuestra familia, nuestros hermanos, se van a quedar tan huérfanos de justicia como de una mano que les apretase con amor a la hora de marcharse.

Y eso nos va a marcar para siempre.

Dejo la pizza a medias. No voy a ver ninguna serie. Lo único que observo esta noche es la oscuridad del alma humana. Y es muy negra.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here