Diario de un confinamiento: Día 26. El Cumbayá.

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Día 26. El Cumbayá

 La situación a esta hora del Martes Santo (21:00 h aproximadamente) es la que sigue: una merma de libertades que nos tiene encerrados en las casas, sin poder trabajar y bajo sospecha y amenaza de ser perseguidos penalmente si no alabamos la gestión del Gobierno. Ni los Ayuntamientos, ni las Comunidades Autónomas ni los cabildos insulares pueden tocar presupuesto para atender a sus vecinos y administrados. La Constitución supeditada a un único artículo, el 128, por  testicular decisión del vicepresidente Iglesias; una sanidad pública y privada al borde del colapso. Una economía intervenida o en vías de hacerlo, con precios fijados (esa anhelo comunista de Garzón desde sus tiempos del bar del insti); el sector productivo y de servicios paralizados; la próxima habilitación de campos de confinamiento para infestados asintomáticos; unos medios de comunicación comprados (o untados, si lo prefieren) para que, entre otras cosas, no muestren ataúdes ni familias rotas; un Estado que ya venía de la quiebra  técnica – pero silenciada- camino de la ruina total. Y un futuro incierto por cuanto el virus chino todavía no ha mostrado todas sus tenebrosas cartas.

 Y a la población aplaudiendo a las 8 en los balcones como autómatas y cantando el ‘Resistiré’, que es el Cumbayá de la anestesia, de la vanidad en las redes, de los mundos chupi guays y los unicornios, y las gominolas y el junco que no se ha de quebrar,  y la mejor forma de no ser ciudadanos incómodos sino lobotomizados adolescentes alrededor de la fogata de la impostura y los juegos de manos que el poder se gasta para que, por ejemplo, no tildes de criminal al Gobierno. Que como ejercicio de expresión libre y pensamiento crítico puede ser hasta normal en una sociedad democrática, pero que en España, ahora, es anatema.  Los Iñakis gabilondos varios han montado su intelectual y elevada Stasi para repartir deontología periodística, doctrina de libertad de expresión adecuada y mesura en la crítica.  No vaya a ser que dudemos de la gestión de esta catástrofe, válgame Sánchez.

¿Resistir? Resistir los autónomos, sin ingresos y con cuotas e impuestos por pagar. ¿Resistir? Los padres separados de sus hijos que siguen pagando la pensión alimenticia con el ERTE encima. ¿Resistir? Los familiares que no se han podido despedir de sus difuntos (cerca de 14.000. Repito: cerca de 14.000) ¿Resistir? las limpiadoras, las cajeras de los supermercados, los policías, el ejército, los médicos, los farmacéuticos, los albañiles, los reponedores, los transportistas, los empresarios, los chinos de las tiendas de chinos, las abuelas solas, los abuelos aparcados, y los repartidores de Glovo, que os acercan los Whoppers mientras entonáis el Cumbayá en modo selfie antes de ver otra serie en Netflix.

¿Resisitir? El director de este periódico, Antonio Prieto, en la UCI, peleando con el bicho desde hace una semana. Y buscando financiación y pagando nóminas con 40 de fiebre y una neumonía en ciernes poco antes de que lo llevaran al hospital. Eso es resistir.

Cuando pase un poco la tormenta y empiecen a pintar bastos para la mayoría, os dejo la guitarra, campeones de la resistencia. Lo malo es que la fogata que se encienda no será para cantar un Cumbayá, sino para quemar del todo la libertad que ya nos han quitado entre aplausos de balcón y canciones del Dúo Dinámico.

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