Diario de un confinamiento: Día 20. Las mascarillas.

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Enmascarado.

Hoy me han llegado las mascarillas. Las pedí por Amazon hace exactamente 20 días y la aplicación me decía que hasta el 11 de abril (fecha mítica) no estarían aquí. Así que una de las alegrías del día ha sido un paquetito con seis mascarillas. Lo que pueden cambiar de una semana a otra las pequeñas cosas que nos hacen felices. El mes pasado hubiera sido un micrófono nuevo, pero a fecha de hoy mi dicha son seis artilugios de material indefinido que no me habría colocado ni en una fiesta de Halloween, suponiendo que yo participara de tal evento. He dicho que desconozco el material del que están hechas pero por el precio deben ser de sangre de unicornio, lo cual me hace pensar que ha bajado el precio del petróleo pero ha subido el de sangre de unicornio para mascarillas FFP2, o así. No sé si las efectivas son las FFP2, las UHF o las RD2D2. Desconozco si son de un solo uso o me las puedo colocar varias veces, como por ejemplo, ir al supermercado y posteriormente comprarme un perro y darle un paseo tocado de tal guisa.Servidor, no el perro.

No sé si hay mascarillas de día y otras de noche. Si eliminan los ronquidos o además me las puedo poner de suspensorio. Colocada parece, por otra parte,  que llevas medio sujetador de tu tía Puri en la boca. Adiós dignidad.

El tipo me las ha entregado a distancia, enfundado con mascarilla quirúrgica y guantes azules. No he tenido que firmar porque los bolígrafos son ya armas biológicas. Me ha preguntado mi nombre y le he dicho, claro, que era yo. Pero si vinieran a nombre de Gerard Depardieu, también le habría dicho que soy yo. Por unas mascarillas UHF2 me puedes llamar como quieras, cariño. A esto hemos llegado. No sin mis mascarillas.

Unas horas más tarde llegó el pedido del supermercado. Hoy mi piso, en comparación con los últimos días, ha parecido la puerta del Bar Correo a mediodía. Las cosas básicamente de comer no venían. Me refiero a legumbres, carne, pescado y verduras congeladas. No había, parece ser. Tengo pastillas lavavajillas, dos estropajos, una bolsa de sofrito congelado y varias latas de Pepsi Light. Y un reto por delante: mirar en Youtube una receta para preparar comidas con eso. Y ahora que lo pienso, me he gastado en las mascarillas más que en dos semanas de comida. Podría ponerme unas mascarillas en escabeche o un salteado de pastillas de Calgonit con mascarilla asada.

De pequeño me leí todos los manuales de los Jóvenes Castores pero en ninguno nos preparaban para una pandemia ni para hacer comida de supervivencia  a base de guantes quirúrgicos. Crecimos en plena Guerra Fría y la idea era que si alguien le daba al botón nuclear todo sería más rápido y expeditivo. Y resulta que La Gran Movida, esa Danza de la Muerte sobre la que escribió Stephen King, nos tiene encerrados, engordando, medio paranoicos y gastándonos el dinero que nos queda en las cuotas de autónomos y en mascarillas C3PO. Homologadas.

En fin, que ya tengo las mascarillas. Me faltan los guantes. De Italia creo que vienen, para colmo. Es una maravilla la globalización, como estamos comprobando.

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