Diario de un confinamiento: Día 18. Siempre es domingo.


Es domingo.

La ministra de trabajo nos dijo ayer que desde hoy todos los días iban a ser un domingo. Quince domingos por delante para, por ejemplo, pagar los autónomos de marzo que cae en martes pero que no se benefician del armisticio dominical. Cuando lean estas líneas yo tendré 300 euros menos pero con cuerpo oficial de domingo. De momento escribo en este lunes que ha amanecido más callado de lo habitual, salvo por los asesores ficales, que estaban blasfemando en arameo desde el domingo porque no saben qué decirle a sus clientes, amigos y sobre todo, esposas, cuando los vean caminar en albornoz por el pasillo arriba, pasillo abajo, recitando un mantra inentendible. Después de la crisis esta asistiremos al nacimiento de Asesores Anónimos. En su programa de recuperación y liquidación de IVA el primer paso será “Admitimos que éramos impotentes ante Sánchez y que nuestras vidas se habían vuelto confinables”. El segundo paso rezará tal que  “Llegamos a creer que el Poder Superior del CNI nos  llevaría, si protestamos, a juicio”.  Y así, hasta 12. Puede que además se mantengan sobrios, pero si algún asesor fiscal durante este estadodealarma no se ha dado a la sidra, poco le falta.

Esta mañana solo se escuchaban los coches de los trabajadores esenciales. Había poco tráfico pues, porque el que no era esencial estaba en su casa mirando el BOE por internet a ver si entraba en dicha clasificación. En ‘La lista de Schindler’ los trabajadores esenciales salvaban la vida escapando por su condición del horno crematorio. Hemos vuelto a los trabajadores esenciales, que nos salvan a nosotros la vida porque están reponiendo, cultivando, vigilando o limpiando. Hemos regresado también al contexto en blanco y negro de tan magistral película, ya que por redes nos llegan inquietantes noticias de cómo se decide quién puede tener o no un respirador en Madrid para vivir o ser incinerado. Tal es el signo de estos domingos que nos ha regalado la ministra. Nos dicen que no hagamos caso a esas noticias porque nos mienten. Nos lo exigen, con riesgo de acusarnos de desafectos y disidentes, los que autorizaron actos públicos un día para acojonarnos al siguiente, algo que puede que nazca cuando menos de una mentira: la de no atender los datos que ya poseían para que la fiesta que ese domingo era España no parara. Nos iba la vida, ya saben, y resulta que es ahora cuando las vidas se están yendo de verdad. De todas maneras, por salud mental, me cuido mucho de abrir redes sociales o, sobre todo, de ver el duopolio televisivo. Prefiero dedicarme a mis experimentos culinarios de racionamiento y a leer libros, que no tienen activadas las notificaciones. También trabajo en mis cosas, que ahora no voy a explicar. Muchos domingos lo he hecho, porque no se tienen horas en según que profesión, y estoy curtido.

Pero ustedes que pueden disfruten de este domingo hasta el 12 de abril. Sé que no está permitido salir de casa, pero hagan algo útil: pensarse mucho el voto la próxima vez ante las urnas. Tómense este domingo largo como una extensa jornada de reflexión. En el caso de que en un futuro haya elecciones, actúen con responsabilidad y consecuencia, no con la camiseta del equipo. Esto en realidad es ciencia ficción: en un futuro no muy lejano las elecciones estarán nacionalizadas por Pablo Iglesias y solo votarán los colectivos animalistas, las asociaciones de vecinos, las asambleas populares de politólogos y los trabajadores esenciales que no han tenido estos domingos de asueto no retribuible. La fiesta de la democracia popular. Siempre en domingo.

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