Diario de un confinamiento: Día 15. La luz.


La luz, entre nubes.

 

Los viernes son un buen día por cuanto requieren su preparación, lo que me hace mantenerme activo, algo que en realidad no he dejado de hacer porque conozco el desánimo y no me gusta. El desánimo para vivir, que a la postre es la peor de las inactividades. Destroza el alma. El viernes llega con una cita a modo de grabación – ahora en videoconferencia- que reúne a gente cabal y de orden. Les remito al resultado al que pueden acceder desde aquí y que venimos en nominar El Coro. La pasada semana rompimos registros en número de reproducciones y eso pasa porque se dicen las cosas con claridad y sin ambages. Nada de ‘negativos no concluyentes’. Aquí se inicia, se desarrolla y se concluye.

Y no sólo en la tertulia/podcast. Curiosamente el día 15 de encierro y soledad ha sido un día de conclusiones, de cerrar definitivamente puertas, de alejarse a pesar de los muros de un apartamento.

¿Se puede ser libre en esta situación? Hay clausuras peores y no son físicas, créanme. Sobre todo las que nosotros permitimos. Y hoy uno de los regalos que me trajo el viernes fue una tremenda sensación de libertad, de saber en qué no debo perder el tiempo y sobre todo, con quién. Ese ‘quién’ no tiene nombre, ni una forma definida ni una fotografía vieja. Y si tuvo todo eso, hoy se ha marchado.

De pronto se presenta la epifanía y te sorprende que sea tan fácil, tan sencillo. Como darle al botón de ‘suprimir’ pero en un teclado que antes parecía inmenso, o laberíntico, o con caracteres en sánscrito.

Estoy encerrado. Estamos encerrados. Pero la cárcel es otra, y yo hasta hoy he estado confinado en un momento que se detuvo porque así lo quise. He salido a la terraza y veo un rayo de sol entre nubes que solo pueden apreciarse desde las ventanas por las que ahora transcurre todo. Es la luz.

Los viernes por la noche toca pizza con mis hijos. No están ellos y no tengo pizzas en el congelador, que solo almacenaba el recuerdo de lo que no merece ser echado de menos. Ni tan siquiera merecerá un cortés saludo en un futuro y casual encuentro a la salida de un cine o en una cafetería cerca del trabajo, porque la nada no tiene nada que requiera urbanidad.

Ha oscurecido y el viernes, este día 15, 27 de los corrientes, se marcha. Y se lleva definitivamente muchas cosas. Pero no la luz, que hoy ha sido fulgor.

 

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