Diario de un confinamiento: Día 11. Nos va la vida en ello.


Calvo, en la manifestación del 8M

Existe cierta discrepancia en si éste es el undécimo día o el décimo. Personal y unilateralmente decidí la confinación el viernes antes del anuncio oficial del estadodealarama. Lo vi venir como veo llegar la liquidación del IVA y la cuota de autónomos. Tengo olfato para las disposiciones y mandatos administrativos. Soy contribuyente. Súbdito. Ciudadano. Hice la mili. Planté un árbol. Tuve hijos. Escribo un diario. Por lo tanto, este es mi día 11. Un día raro por cuanto decidí un jueguecito de eso del whatsapp que perdió toda su gracia en cuanto me enteré que Carmen Calvo estaba ingresada en el hospital. El juego no trataba de saber si la vicepresidenta aparecía o no – existía cierta inquietud en la opinión pública- sino colocar un estado-reclamo que previamente ha servido de trampa por otro contacto.

El trabajo intelectual del siglo XXI puede resultar de tal nivel. En periodo de confinamiento no nos vamos a poner necesariamente a leer a Virgilio, sobre todo en los ratos muertos entre el tránsito del baño al salón o de la cocina al dormitorio. Una amiga que sé que está confinada con su marido y vástagos había anunciado en su estado que iba a ser mamá de nuevo. Y yo corrí felicitarla por varios motivos: porque es lo que se debe hacer y porque de natalidad estamos escasos. El periodo de confinamiento, según algunos psicólogos, puede suponer un repunte del número de nacimientos o un atasco en los juzgados solicitando divorcios. Los abogados apuntan más a este segundo extremo. Por eso me alegré enormemente que la pareja de amigos hubiera optado por traer españolitos al mundo potviral, pero hete aquí que el estado era la trampa del jueguecillo y por mi carácter pro-natalidad me vi enredado en la cosa lúdica de la sociedad digital. Mi amiga decidió que yo debía poner “ a que no saben quien volvió con su ex”. Había varias  opciones que ella tenía que elegirme – por incauto- como la de dudar de si debía pintarme el pelo de rosa o azul o anunciar mi próxima paternidad. Esta última no era creíble por cuanto mi reproducción  sería en cualquier caso por mitosis, como las amebas, y todo el mundo sabe que soy una ameba célibe. Así que coloqué lo de volver con la ex, que tampoco tuvo mucho eco por lo mismo: soy una ameba y eso es público. Me aburrí enseguida de la cosita y me dediqué a las labores propias de mi sexo, esto es, mirar el Twitter a ver qué pasaba con la vicepresidenta. Se me ocurrió imitar el juego y hacer una encuesta: ¿Carmen Calvo elige sanidad pública o privada?. Pero no me dio tiempo porque se fue la mujer a la clínica Ruber del tirón. En El País explicaron rápidamente que eso era cosa de la iguala, y que como ella está en Muface, la llevaron para allá. El diario independiente de la mañana lo mismo solicita que se pidan responsabilidades penales al Gobierno por la tardía gestión de medidas ante la pandemia que nos ilustra sobre las cláusulas del seguro de Carmen Calvo. Tal es la esquizofrenia en tiempos de peste.

Cuando escribo esto aún no sé si nuestra vicepresidenta está afectada por el virus chino o solo se trata de una afección respiratoria. Le deseo lo mejor en cualquier caso. Está en una de las mejores clínicas privadas de Europa. La misma a la que acuden Pablo Iglesias o Willy Toledo cuando se pone malitos. Llevan la sanidad pública en el corazón, eso sí. Pero cuando pintan bastos ellos optan , por ‘ lo mejor’, porque les va la vida en ello, como en su momento nos avisó la señora Calvo. Por eso el pueblo, la gente, la ciudadanía acude a la sanidad pública, porque no sólo la llevan en el corazón y en sus impuestos, sino porque en efecto es muy buena. La mejor.  Y porque gente como Carmen Calvo se va a otras clínicas y así no saturar el modelo que tanto defiende. Esto último es un argumento que no se les ha ocurrido ni a los de la Sexta.

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