La casa de los cuadros


 En la Diputación se dan cita las más variadas obras pictóricas o no. Por ejemplo, hace un año apareció una Inmaculada Concepción que lejos de iluminar a los que la casa palacio alberga, provocó un malestar entre un numeroso grupo de ciudadanos. No fue, por tanto, una aparición mariana al uso, sino una performance artística feminista que colocaba lo sagrado a los pies de los obscenos caballos de la provocación. Los caminos del arte son inescrutables, aunque según y depende. La obra pictórica antes señalada sufrió un atentado y claro, los puristas del arte feminoide pusieron el grito en el cielo laico de la libertad de expresión, de creación, de acción, de igualdad, de transversalidad, de sostenibilidad y de género. El asunto acabó en los tribunales, que recientemente han dado la razón a los que consideraron y denunciaron el cuadro como una tremenda falta de respeto cuando menos. Yo no fui a verlo. De hecho salgo muy poco salvo que en Diputación hagan un monográfico de Monica Bellucci, cosa harto improbable porque la comisaria Alba Doblas – comisaria del arte, que no de la exposición- seguramente trataría de impedir un acto expositivo de tal calibre. La belleza solo se entiende si la modelo tiene el flequillo cortado a lo abertzale o se está tocando el final del ombligo. Y aunque la suerte de la fea la guapa la desea, que dice el refranero español, una Bellucci contra una Doblas sería una contienda desigual: Mónica ganaría por aclamación popular (heteropatriarcal sobre todo) pero Doblas haría valer su peso en el pleno.  

Nuestra Alba, que es un amanecer sensible y feminista, solo se atreve con los difuntos, y el pintor José María Rodriguez de Losada lo es. Entregó la cuchara en Jerez de la Frontera en 1896, a los 70 años de edad. Gran artista sevillano, académico, varias veces galardonado y con obras que pueden ser apreciadas en el Museo del Prado, entre otros, tuvo la osadía de retratar en 1872 la leyenda de los Comendadores de Córdoba y que conocemos como ‘La malmuerta’. Un hecho que data del siglo XV y que acabó con una esposa apuñalada y un supuesto amante de la misma guisa a manos de un marido celoso. Osadía a ojos de este extraño siglo XXI, con criterios intelectuales y artísticos que se mueven entre los perennes excesos hormonales de la adolescencia y el pensamiento Operación Triunfo. La Malmuerta ya no está en el salón plenario porque ofende su violencia con señora apuñalada – y señor también- y un salón de plenos solo está para discutir sobre los efectos del cambio climático en Almedinilla por culpa de las políticas neoliberales o el preocupante avance de la extrema derecha de derechas. Y cobrar por ello, caray. Que la alta política requiere su precio.

Ahora que  se ha marchado Manolo Lara Cantizani con sus haikus al paraíso de los poetas, no estaría de más que su ejemplo cundiera, un legado marcado por el respeto sublime a la memoria y la creación,  y que los sensibles de goma aprendieran que el arte está por encima de las ideologías, suponiendo que la señora Doblas profesara alguna. Que es mucho suponer. Y que si el baremo es la ofensa, lo es para todos. Hasta para los católicos que se sintieron dolidos con aquellas ‘Flores a María’ y que con tanto desprecio pagado con dinero público fueron tratados.

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