Los cuarteles, una hermosa tradición


Allí surge la oración, se bendice la mesa, se recita de manera espontánea una poesía o se comparten sentimientos

puente genil
Cuartel./Foto: Caminos de Pasión

Estos días previos a la Semana Santa se viven con bastante intensidad, máxime cuando nos hemos visto obligados a hacer un paréntesis en las celebraciones habituales. Son días de vísperas en los que vienen a la mente recuerdos de un pasado que, pareciendo lejano, permite que se vuelva a experimentar en una memoria que no elimina los acontecimientos vividos con entusiasmo.

Los pueblos muestran una riqueza impresionante en el mantenimiento de sus tradiciones. Aunque conozco algunas de nuestra provincia, no he sentido la mayoría de ellas. Sin embargo, el último hecho que viví antes de la pandemia, lo voy a tener siempre presente. Me refiero a los Sábados de Romanos de Puente Genil y, sobre todo, a la circunstancia de poder conocer el interior de un cuartel; y no aludo a ver el espacio físico sino a compartir con sus miembros una noche de Cuaresma.

Las noches de los sábados de este tiempo litúrgico, los pontanos tienen una cita con Nuestro Padre Jesús Nazareno. Hasta la plaza del Calvario, lugar en el que está situada la parroquia que acoge al patrón de esta villa, se encamina toda la población. El Imperio Romano y, todas las corporaciones que se encuentran reunidas en sus cuarteles, emprenden la marcha hacia ese punto de reunión en el que se congrega todo un pueblo. Un escalofrío recorre el cuerpo de cuantos presencian el sentir de una concurrencia que de forma sencilla y humilde muestran su amor a Jesús.

Pero, ¿cómo hablar de un cuartel, sin perder la objetividad? En un cuartel se viven un conjunto intenso de emociones, allí se produce un encuentro fraternal. Los miembros que componen estos grupos se reúnen en torno a una mesa en la que se crean unos vínculos que van más allá de los de la simple amistad. Y no viven para adentro, sino que tienen la inmensa generosidad de compartir con otros su esencia más profunda. No sé si llamarlo derroche de cariño, pero me sentí doblemente complacida: primero, por poder conmoverme conociendo en persona los entresijos de este sitio; y, segundo, porque un cuartel es un espacio compuesto solamente por hombres y yo, como mujer, me sentí una privilegiada. Un cuartel es símbolo de alegría. Allí surge la oración, se bendice la mesa, se recita de manera espontánea una poesía o se comparten sentimientos que encaminan a los miembros de la corporación a disponerse a vivir los días grandes de la Pasión. Todo desde el más absoluto respeto y guardando silencio para apreciar lo que dicen los otros. La interacción a través de la palabra los forja como hermanos, crea un clima doméstico y de apertura, que les permite mantener la herencia que han recibido y que sabrán prolongar en los días que siguen escribiendo la historia de su localidad.

En estos días, la Vieja Cuaresmera, que mide el tiempo hasta el Domingo de Ramos y cuya imagen no falta en ningún cuartel, se habrá desprendido ya de seis de sus siete patas en cada uno de los Sábados de Romanos, indicando la inminencia de la Semana Santa. Vivámosla con fervor.