Fuimos testigos de la Pasión


La ambientación de la obra llevó a los espectadores a formar parte de la Vía Dolorosa desde el inicio

Representación de ‘Testigos de la Pasión’./Foto: BJ
Representación de ‘Testigos de la Pasión’./Foto: BJ

La puesta en escena de “Testigos de la Pasión” ha supuesto un complemento perfecto para hacer oración de una manera original, ejerciendo una reflexión profunda que ayuda a cumplir con uno de los tres pilares de la Cuaresma. La representación estuvo protagonizada por un grupo de voluntarios que, sin ser profesionales, no tienen nada que envidiar a los intérpretes más expertos; su nexo de unión radica en la pertenencia a la Hermandad del Santo Sepulcro de Aguilar de la Frontera. Este grupo lograba despertar el interés de cuantos se habían dado cita en el patio de San Eulogio del Palacio Episcopal el pasado sábado. Dos años han transcurrido desde la primera convocatoria, planificada para el año 2020 en la parroquia de la Trinidad, y que la pandemia frustró como tantos otros actos que tuvieron que ser suspendidos. Bajo la dirección de Francisco Cabezas y organizado por el Movimiento de Cursillos de Cristiandad, la función hizo las delicias de la concurrencia.

La ambientación de la obra llevó a los espectadores a formar parte de la Vía Dolorosa desde el inicio, a inmiscuirse entre los que dieron testimonio de las últimas horas de vida del Señor. Un pasillo central acotado por dos escenarios, la casa de Poncio Pilato y el Calvario, permitía que los asistentes estuvieran integrados en el desarrollo de la acción. Allí iba a tener lugar el recuerdo que fueron narrando los que presenciaron la Pasión de Cristo. Pedro, Santiago y Juan aparecen tristes. Santiago toma la palabra y se lamenta porque los tres se quedaron dormidos en el momento en que Jesús antepone la voluntad del Padre a la suya. Pedro evoca el canto del gallo y las palabras que afirmaban que lo iba a negar. Por otro lado, Judas Iscariote, que manifiesta su pesar por la traición que le hace a cambio de treinta monedas. Y así, a partir del juicio ante Pilato, va transcurriendo el camino hacia el Calvario. Se suceden las caídas. Una de ellas, la segunda, produce angustia entre el público que ya había empatizado más que sobradamente con lo que estaba viendo. En ese recorrido conmueven los encuentros, con su madre, Simón de Cirene o la Verónica. Después vendrían la crucifixión, la muerte, el descendimiento y el traslado al sepulcro. Quizá la imagen más sobrecogedora, la escena de la crucifixión que fue interpretada de forma espectacular.

No se puede dejar de mencionar a otros personajes, piezas clave para la descripción del sufrimiento representado: María, esposa de Cleofás, María Magdalena y María, su madre; o Rufo y Alejandro, hijos del Cireneo, símbolo de conversión y santidad y ejemplo para sus vástagos.

Al término del espectáculo, el consiliario del Movimiento de Cursillos de Cristiandad proponía a los presentes pensar en el personaje con el que cada uno se identifica e ir tratando de encontrar la fórmula para ir pareciéndose cada vez más al protagonista de la Pasión, nuestro salvador. Una invitación que supone una magnífica propuesta de reconocimiento personal.

El título es imposible mejorarlo porque hablan los que fueron testigos, que al mismo tiempo conseguían transferir idéntico papel a cientos de personas. Mi más sincero agradecimiento a los protagonistas y a los que lo han hecho posible.