Postureo


El postureo está presente en todos los estamentos de la sociedad

En cada una de las revisiones que la Real Academia Española realiza a la edición digital del Diccionario, atendiendo al vocabulario que se utiliza en nuestra sociedad, va añadiendo nuevos términos. Hace algo más de cuatro años que se introdujo la palabra postureo como coloquialismo con la definición concreta de “actitud artificiosa e impostada que se adopta por conveniencia o presunción”. Y lo hizo al mismo tiempo que posverdad, “distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”. Es a propósito de estos dos términos, puesto que bajo mi punto de vista tienen mucho en común, por lo que comparto hoy esta reflexión personal.

La posverdad es una deformación de la realidad, un engaño, una apariencia que nos tratan de hacer ver como algo más importante que la propia realidad y que muchos aceptan como bueno. Es algo vacío, como las palabras que pronuncia un charlatán o más bien las de un embaucador que encandila la ingenuidad de la persona a la que engaña. Y en la misma línea de la figuración, de la simulación, se sitúa el postureo.

No son pocas las veces que oímos hablar de este término. Apareció en todos los medios la alusión que hizo la presidenta de la comunidad autónoma de Madrid a una “cuarentena de postureo” refiriéndose al aparentar de cara a la galería; y un tiempo después, la ministra María Jesús Montero, también aludía al postureo de Ayuso en temas relacionados con la pandemia. Tampoco se pueden dejar de mencionar los postureos de muchos famosos y demás personajes que nacen cada día como las setas mostrando una vida idílica, perfecta, que dista mucho de ser verdad. Quien más, quien menos, hace uso de esta actitud ilusoria, artificiosa, en algún momento de su existencia.

El postureo arrasa en las redes sociales, fundamentalmente en aquellas que se utilizan para subir fotografías; pero como se ha citado anteriormente, está presente en todos los estamentos de la sociedad. Se siente la necesidad de dar una imagen pública, más por presumir y darse una importancia que dista mucho de reflejar la imagen que una persona es capaz de proyectar por su propia entidad, por su propio ser. En esta falsedad resulta asombroso el peso que cobra el egocentrismo y que lleva a sacar lo peor de cada individuo. Ejemplos no faltarían para ilustrar este pensamiento que ronda por mi cabeza, pero me gustaría compartir la incoherencia que se puede observar cada día en personas que, bajo la máscara de la solidaridad y la entrega con respecto a los demás, no mueven un dedo si la iniciativa parte de otro porque el protagonismo no es suyo.

Deberíamos dejar de hacer postureo en un mundo que se encuentra atrapado por la posverdad. Saquemos partido a nuestra autenticidad y demos el salto del parecer al ser.