Cuaresma en guerra


En medio de esta nueva guerra, es en la solidaridad de Polonia donde convergen ayuno, oración y limosna

Cáritas
Manuel María Hinojosa Petit impone la ceniza en la Residencia Hogar de Mayores ‘San Pablo’./Foto: LVC

Hoy estrenamos la Cuaresma y lo hacemos viviendo en la conmoción, con una nueva guerra que seguimos a través de los medios de comunicación y que parece el contenido de una película. Muchas personas tratando de salir de su país de origen o adopción, Ucrania; padres, hermanos, tíos, amigos, que son obligados a permanecer y se despiden de sus seres queridos en el andén de una estación o en uno de los múltiples controles que tienen que atravesar; familias que se ven a sí mismas desgarradas como las ramas de un árbol tras el paso de una fuerte tormenta; imágenes de bebés recién nacidos en el sótano de un hospital; comunidades religiosas que han decidido quedarse pese a todo; o el testimonio de los que han conseguido alcanzar un lugar seguro dejando su vida atrás… Lágrimas contenidas y lágrimas derramadas, tantas y tantas imágenes que seguramente no reflejen ni un ápice de lo que verdaderamente está viviendo el pueblo ucraniano, una realidad que se siente lejana pero de la que solo nos separan unas tres horas y media de vuelo. Desde la distancia empiezan a llegar noticias de casos reales que cuentan a escondidas el periplo interminable que están viviendo algunos conocidos de personas de nuestro entorno y, con ello, el afán de pensar si en algo se puede ayudar. La oración parece que es la única arma que tenemos, pero hay ocasiones en que se debe pasar a la acción.

Así las cosas, me paraba a pensar en los tres ejes en torno a los cuales gira la Cuaresma, el ayuno, la oración y la limosna, al leer el mensaje del Papa Francisco para este periodo litúrgico. En este nos invita a reflexionar con un texto de San Pablo a los gálatas: No nos cansemos de hacer el bien, porque si no desfallecemos, cosecharemos los frutos a su debido tiempo. Por tanto, mientras tenemos la oportunidad, hagamos el bien a todos (Ga 6, 9-10a). Y por mi pensamiento discurrían las pequeñas batallas que se libran en el día a día. Sembramos y cosechamos para toda nuestra existencia, pero el desánimo se apodera de aquellos que por más que lo dan todo, solamente reciben indiferencia y despotismo por parte de sus superiores en el ámbito laboral o en otros espacios relacionales. Incluso recordaba que hay veces que siembra uno y cosechan otros. Ojalá se cumpliera lo dicho en este mensaje por el Santo Padre: un primer fruto del bien que sembramos lo tenemos en nosotros mismos y en nuestras relaciones cotidianas, incluso en los más pequeños gestos de bondad.

Qué bueno sería ayunar de todo lo que hunde cada vez más en la miseria, en el desánimo, a los que nos rodean. De nada me sirve orar, arrodillarme ante el sagrario, si no escucho sino que golpeo a mis aledaños. La Cuaresma es tiempo para cultivar una comunicación más integral, hecha de encuentros reales. Es tiempo de conversión, una ocasión inmejorable para contribuir a hacer la vida más fácil en todos los sentidos.

En medio de esta nueva guerra, es en la solidaridad de Polonia donde convergen ayuno, oración y limosna. Ellos, mejor que nadie, conocen las vicisitudes por las que están pasando lo ucranianos, pues, no en vano, lo han experimentado en carne propia y están siendo el mejor ejemplo de acogida. Sigamos la misma estela con los más cercanos y esta Cuaresma será el origen de una abundante cosecha.