Juventud protectora de Las Ermitas


Loable cuanto menos es la actitud de servicio de estos chicos, desprendidos y generosos

De vez en cuando me gusta hablar de la juventud y suelo romper una lanza a favor de los que conforman esta etapa del ciclo vital de los seres humanos. Me suele llamar la atención que las referencias que se hacen, de un tiempo a esta parte sobre ellos, están en identificarlos como una colectividad cuya imagen se reduce a una reunión en masa en torno a un botellón; en otras ocasiones se les atribuyen actitudes negativas, dejando a un lado aspectos como el entusiasmo y la responsabilidad o su capacidad de adaptación en unos tiempos que no están siendo nada fáciles para nadie y mucho menos para ellos.

Bastantes son los ejemplos en que los aspectos positivos de los jóvenes no se nombran y habría que destacarlos para que algunas voces críticas reconsideraran su opinión. Solamente voy a hacer referencia a un colectivo; a un grupo del que tuve noticias, por primera vez, por su colaboración en Caritas de la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción (Parque Figueroa) de Córdoba ante la complicada situación que atravesaba un buen ramillete de familias de esta zona de la ciudad en los primeros meses de la pandemia. Estoy haciendo alusión a la Juventud Protectora de las Ermitas. Nacidos al calor de la Asociación de Amigos de las Ermitas, en un intervalo de unos diez o doce años han crecido exponencialmente desde estar conformados por un reducido número de cinco personas hasta llegar a unos doscientos cincuenta a día de hoy. Se caracterizan por su alto grado de compromiso y sus actuaciones se centran en la protección del patrimonio y en la acción social. Todo ello además de dar culto y difundir la devoción a la Virgen de Belén y al Sagrado Corazón de Jesús.

Esta Juventud, formada por universitarios y aún otros menores en edad, lo mismo reparte alimentos entre los más necesitados que recauda fondos vendiendo las cazuelas en la Fiesta de las Habas, que la Asociación dedica a la Virgen de Belén, y que destinan a cubrir algún tipo de desamparo; se les ha podido ver recogiendo aceitunas en una comunidad religiosa de Villaviciosa, siempre con la vista puesta en la ayuda a los demás; en otras ocasiones, brocha en mano, retiran pintadas con mensajes de odio realizadas en fachadas de conventos o a los pies del Vía Crucis de las Ermitas, al mismo tiempo que contribuyen al mantenimiento de las propias ermitas. En todo momento, con el único objetivo de auxiliar al que lo necesita.

Loable cuanto menos es la actitud de servicio de estos chicos, desprendidos, generosos, dignos merecedores de ser conocidos y reconocidos por entregar su tiempo a hacer más llevadera la vida del prójimo.