La monjas del reto


Cada mañana recibo una reflexión al final de la cual hay un desafío para poder aplicar durante la jornada.

Hace tiempo que sigo a las monjas del reto. Probablemente no las conozcas, o puede que sí; en cualquier caso, hoy quiero hablar de ellas. Nada me hacía pensar cuando visité Lerma hace ya bastantes años, que esta comunidad de Madres Dominicas entraría en mi vida, con el paso del tiempo, cuando una compañera me invitó a recibir el reto diario en mi móvil. En aquel viaje a la Villa Ducal, compré un juego de fuentes de cerámica que elaboraban en esta comunidad. Sin embargo, recuerdo que por aquel entonces, la noticia estaba en otro convento, el de las Clarisas, cuya labor era principalmente la elaboración de dulces (por cierto, aún revivo el olor a trufas; no he probado otras tan deliciosas) y que por aquel entonces vivían hacinadas por el gran número de vocaciones que tenían; un tiempo después se transformarían en un nuevo instituto religioso, Iesu Communio.

Pero, volvamos al reto. Cada mañana recibo una reflexión al final de la cual hay un desafío para poder aplicar durante la jornada. Son ya muchos años de escritura diaria en los que desde esta comunidad se distribuyen a miles de personas, de manera instantánea, con un solo click, las palabras redactadas por una de las monjas. Con un “hola, buenos días, hoy… nos lleva al Señor” y el deseo de que pases un día feliz, Lety, Sión, Israel, Joane, Matilde…, se encargan de mirar a lo sencillo, a la rutina de sus vidas en un convento del siglo XVII, para dar forma a un breve texto con el que previamente han meditado y que te lleva a ti, lector, también a hacerlo. Cada día demuestran que un monasterio de clausura da para mucho.

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Obras de restauración, el cuidado de las plantas, problemas de visión o cambio de gafas, una bombilla que se funde, visitas en el locutorio, días grandes en el monasterio como la Asunción o Santo Domingo, el funcionamiento de un reloj, la huerta, un ordenador, el desayuno, un despertador sin pilas, la ducha, el escapulario del hábito, una llamada de teléfono, ordenar la celda, un regalo de cumpleaños…, todo sirve como medio para llegar al Señor. Y a través del uso de todos estos recursos, esta congregación nos va acercando cada una de las estancias que forman su hogar: el refectorio, la iglesia, la sala de trabajo, el comedor, la cocina…; y, también, van dejando constancia de que la vida es bella a pesar de vivir aisladas del mundo. La conclusión de cada reto es una simple invitación con la que resumen el fin de su existencia: ¡Vive de Cristo!

Si deseas recibir el Reto del Amor, que así lo llaman, entra en  la web y allí te guiarán para hacerlo a través de Whatsapp, Telegram o Facebook. También tienen una aplicación “Vive de Cristo” donde acceder a mucha más información. En este caso, las redes sociales hacen mucho bien a las personas que comienzan el día en comunión con las Madres de Lerma. Yo voy a continuar siguiéndolas, ¿y tú, quieres hacerlo? Te animo a conocerlas.