Admirados chefs


Ponen todo su empeño y cariño y permiten que otros se regocijen en la degustación del resultado del trabajo realizado.

Me gusta la gastronomía y me deleito con ella, atendiendo a las distintas acepciones del término: como arte, como afición a comer bien y como descubrimiento de los platos típicos de los diferentes lugares que he podido visitar. Reconozco el impulso que han tomado las artes culinarias en los últimos años. No hay duda: los fogones están de moda, son noticia.

Los protagonistas de esta disciplina son, sin cuestionarlo, los que son capaces de transformar el producto en una elaboración apetitosa: los cocineros. Ponen todo su empeño y cariño y permiten que otros se regocijen en la degustación del resultado del trabajo realizado. Se disfruta con las recetas de las abuelas que muchas de nuestras madres han conservado y nos han transmitido, pero también es un placer paladear la cocina tradicional y de vanguardia hecha por los profesionales de este gremio. Se puede saborear un suculento salmorejo cordobés en El Churrasco o en La Cazuela de la Espartería, en Casa El Pisto o en versiones que han evolucionado en otros locales como las de El bar de Paco Morales o El Envero. ¡Qué apetecibles los riñones de cordero de Taberna Góngora, la cuña de tortilla de Santos y, por qué no, un perrito en Lucas o unas berenjenas en Las Beatillas! ¡Qué deleite hacer un recorrido tabernario, divertirse a través de una tradición tan cordobesa! ¡Qué bien entra un arroz en Casa Pepe Sanchís o un guiso en La cuchara de Tony Montes o Casa Antonio! Expertos en esta materia, personas sencillas que en no pocas ocasiones han permitido que el nombre de nuestra ciudad traspase fronteras. Porque sin perder de vista estos locales con solera, Periko Ortega, Kisko García, Celia Jiménez, Paco Morales, Antonio López, Paco López, Paco Villar, Lorenzo Rodríguez y un largo etcétera de nombres propios, componen la nómina gastronómica más actual de la capital que se extiende ya también por un nutrido número de pueblos de la provincia.

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Periko Ortega./Foto: Irene Lucena

Elijo hoy hablar del buen yantar inspirándome en las noticias que ocupan portadas en los medios de comunicación y que hablan de la nobleza de estos especialistas; no solamente son reconocidas las gustosas viandas que se pueden degustar en sus establecimientos sino el gran corazón que tiene la mayoría. Destaco a dos de ellos, aunque no sean cordobeses, por lo que me han sugerido sus testimonios.

De un lado, José Andrés, premio Príncipe de Asturias de la Concordia en la presente edición de 2021, que además de llevar la esencia de la cocina española a Estados Unidos, fundó hace ya una década la organización sin ánimo de lucro World Central Kitchen. Su misión ha sido la de abastecer de alimentos a todas las personas que lo han necesitado después de desastres naturales. En la reciente pandemia, ha estado presente en numerosas ciudades de nuestro país distribuyendo comidas y contando con la implicación de otros grandes chefs; conocí la existencia de esta ONG por la colaboración de Edu Espejo, de Honoo (Valencia).

De otra parte, Pepe Rodríguez, con el que crucé unas pocas palabras en una visita a su restaurante en Illescas, El Bohío, en las que dejaba entrever su humildad y sencillez, la misma que ha demostrado en el pregón del Domund que pronunció en la catedral de Toledo hace apenas unas semanas.   

Admirados chefs que nos hacen disfrutar de las artes de la cocina y que demuestran que “entre los pucheros anda Dios”.