Acerca de Recuerdos de una Maestra


maestra
Isabel Agüera.
Recuerdos de una maestra.
Recuerdos de una maestra.

Tardo bastante en hacer una reseña a la lectura de unas páginas, que prácticamente devoré en un par de tardes, y que creo que bien merecen unas palabras. Como dicen que nunca es tarde si la dicha es buena, hoy hablo del libro Recuerdos de una maestra, que recoge las remembranzas de la mía, mi maestra. No es que haya sido la única, puesto que muchos otros me han ido transmitiendo conocimientos a lo largo de la vida, pero he de reconocer que Isabel Agüera siempre ha ocupado un lugar preeminente si hubiera tenido que hacer un ranking de todos los profesores que he conocido. 

En esta obra, de fácil lectura y recomendable de manera especial para los que van a estrenarse como maestros, se encuentra la mejor dedicatoria que una abuela puede hacer a su nieta. Es el propósito con el que la autora ha creado el texto: ofrecer por escrito a Amalia, recientemente graduada, unos consejos, fruto de una dilatada experiencia que arrancaba allá por los años de la posguerra en una escuela unitaria de Palma del Río y que aún hoy, bastantes años después de su jubilación, se prolonga en las redes sociales a través de un número considerable de seguidores. Y es que Isabel siempre tendrá algo que enseñar porque esa es la razón de ser de su existencia.

Como la propia autora menciona en su obra, el mundo de la educación no es algo sencillo. Así lo experimentó ella y así dedujo que su forma de entender la enseñanza tenía que ser distinta, en sus propias palabras “que un maestro no puede pertenecer al rebaño de los que se conforman con ser uno más sin desviarse un paso, aunque el paso esté torcido, porque tras él caminan sus alumnos”. Isabel no tuvo años fáciles, luchó contra muchas injusticias, pero nunca perdió la ilusión y, como consecuencia de ello, cada uno de los días de su vida se levanta para hacer nueva la forma de enseñar, para seguir ejerciendo y transmitiendo como una fuente de la que no cesa de manar el agua, porque un maestro lo es hasta el fin de su existencia y esto en ella se cumple a la perfección.

Entre sus múltiples recuerdos, su paso por Fuente Carreteros, Villanueva de la Reina, Alcolea de Córdoba y, finalmente, Córdoba capital, quedan al descubierto en los casi dos centenares de páginas que el lector puede ir repasando a modo de itinerario del camino recorrido por la protagonista.

Me he deleitado rememorando algunos pasajes, como los vividos en Fuente Carreteros. Son los propios recuerdos que tengo de la vida de mi maestra, que un día compartiera en obras como Tengo derecho a vivir y Quisco, mi amigo, y que he leído tantas veces que casi podría repetir de memoria.

Isabel nos lleva muchos años de ventaja en intuición y saber hacer en el mundo de la enseñanza. Ella misma trabajaba todas las cuestiones que hoy son el centro de interés en los colegios: innovaciones constantes, atención a la diversidad, incesante creatividad…, en definitiva, clases diferentes que hacían de sus alumnos auténticos seres privilegiados. 

Sirva como conclusión una frase extraída del libro y que define de manera fantástica su persona: “un día, siendo niña, soñé con ser maestra y, tras tantas experiencias vividas, ahora sé que lo he sido y lo seguiré siendo, mientras viva”.

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