La aportación de Martín Cañuelo a la cultura


   

No corren buenos tiempos para la cultura. Así lo ha reclamado estos días un colectivo que hacía piña al amparo de una plataforma que se ha denominado MUTE. Múltiples eventos eran cancelados con la paralización de todo tipo de actividad que venía provocada por la declaración  del estado de alarma; y, la mayoría de ellos, todavía no han tenido la oportunidad de ser rescatados para el disfrute del público. Tímidamente se han recuperado algunos espectáculos al aire libre, pero con la prudencia que marcan las normas escritas, o que no lo están, de esta execrable situación.

     Como tantas otras cosas que han quedado anuladas en los últimos meses, este año no se ha podido disfrutar de los cines de verano en toda su plenitud. No ha sido posible elegir entre uno de los cuatro espacios que mantienen viva la mejor opción cultural para las cálidas noches del verano cordobés, una tradición que nos ha sido transmitida desde hace décadas y que se mantiene viva gracias al buen trabajo de un cinéfilo empedernido, Martín Cañuelo. Las medidas restrictivas y la escasez de estrenos han motivado que solamente uno de estos espacios, el cine Fuenseca, se haya abierto de manera simbólica aunque lo esté haciendo en un periodo menor de tiempo de lo habitual.

     Martín no solamente ha permitido que se haya podido evocar el ambiente de siempre  contemplando una película a la luz de la luna, sino que ha hecho otras apuestas para contribuir al enriquecimiento cultural de nuestra ciudad. Así, el fin de semana pasado, este cine (Fuenseca) acogía un tándem, música-cine, que permitía momentos diferentes para el deleite de cuantos pudieron comprobarlo. Una noche de concierto y cine en un marco incomparable, bajo las estrellas, con un olor intenso a jazmín tan propio de un patio cordobés en una noche de verano.

     Se pudo admirar un magnífico concierto capitaneado por el pianista, compositor y docente, Alberto de Paz, en el que se interpretaron bandas sonoras de películas como Sonrisas y lágrimas, La vida es bella, Gladiator, Los chicos del coro, Mary Poppins, La misión, Rocky, West side story, La lista de Schindler o Cinema paradiso; además, con el apoyo visual de escenas de los propios filmes. Una recreación, en definitiva, de buen cine acompañado de la mejor música en directo. Junto a Alberto de Paz, el violín de Antonio Fernández, profesor de conservatorio, y el oboe de la valenciana María Fernández, que conformaban un maravilloso trío musical.

     Al término del recital, la proyección de la película Los chicos del coro en un inicio de curso tan incierto, volvía a recordarnos una lección: no todo en la vida está perdido, con trabajo y perseverancia aquello que parece imposible se puede lograr.

     Felicidades a Martín Cañuelo y a todos aquellos que suman interesantes iniciativas al mundo cultural en nuestra Córdoba.

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