Ese agosto que se fue

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Se ha escapado el mes de agosto y con él un verano que no será fácil borrar de nuestra memoria. Será lo mismo que ocurra con cada uno de los días que hemos vivido desde que comenzara esta dichosa pandemia y de la que no se vislumbra el final. Con este periodo, vacacional por excelencia, se han esfumado y, lo seguirán haciendo, todas las fiestas patronales que se dispersan por nuestra geografía. El verano es el momento propicio para volver a nuestro origen, para visitar los núcleos rurales en los que se hunden las raíces de no pocos sujetos. Pero este año, como todo lo que acontece en los últimos meses, se ha vivido un mes de agosto diferente. Los pueblos no se han llenado de veraneantes, quizá porque no se han celebrado ferias, tal vez porque había que ser prudentes o simplemente porque la incertidumbre se apoderó de muchos.

     Sirva como muestra el ejemplo de mis dos aldeas queridas, La Cardenchosa y Los Morenos, que también hubieran celebrado las fiestas en honor a su patrona, Santa Elena, en días pasados. Son muchos los que desde diferentes lugares de la provincia y de innumerables puntos del territorio nacional, atraídos por la devoción a esta santa, suelen acudir en la mañana del 18 de agosto a la solemne eucaristía y posterior procesión. En esta ocasión, los protocolos para garantizar la seguridad ante la crisis sanitaria que seguimos viviendo, impedían que esta última se pudiera desarrollar, dejando un día atípico aunque no carente de importancia puesto que el acto central, rendir culto y dejar las intenciones a la intercesión de la santa, sí tuvo su celebración. Se habían programado dos eucaristías para poder acoger a un mayor número de personas, pero todo quedó reducido al intimismo, a la participación de apenas sesenta personas que se daban cita en la misa de las once de la mañana, y algo menos de la mitad en la segunda.

     Sin procesión, sin música, sin la algarabía propia de unas fiestas que se esperan como el máximo acontecimiento del año en una población que no alcanza los tres centenares de habitantes, pero con el corazón en la mano, sabiendo que esto pasará y todo se podrá volver a vivir como si nunca se hubiera dejado de hacer. Tal vez el año que viene podamos compensar el vacío de éste; lo importante será estar y recordar tantas experiencias al lado de nuestros seres queridos. Probablemente desatemos la euforia después de la alegría contenida que hemos tenido que padecer los que hemos visitado nuestra tierra. No ha sido fácil mantener la distancia social, reducir un saludo a una sonrisa detrás de una mascarilla… No. Al contrario. Se hace tan difícil anteponer las normas al deseo… Mucho más en un ámbito tan reducido y en el que el ejercicio principal de estos días siempre ha sido abrazar y besar.

     Ojalá siga primando la responsabilidad y los habitantes de nuestras aldeas continúen libres de COVID bajo la protección de Santa Elena. Lo importante será estar en los años venideros.

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