¿Este es el espíritu franciscano?

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Soledad
María Santísima en su Soledad./Foto: Luis A. Navarro

Jamás habría querido, y lo digo con total sinceridad, escribir este artículo. No es mi estilo airear las cosas con las que no estoy de acuerdo con alguien porque para eso existen otros cauces como el diálogo, mucho menos si se trata de desencuentros en el ámbito cofrade; a pesar de que te hagan comulgar con ruedas de molino, te callas y te resignas porque tú puedes estar en el error… Todo, siempre, buscando el bien de la institución. Pero como somos humanos, la paciencia tiene un límite y, como solamente el tiempo será capaz de situar a cada persona en su sitio, me permito expresar lo que no puedo hacer en otros ámbitos. 

Recurro a los medios de comunicación porque esta es la forma que se ha acostumbrado a utilizar mi Hermandad de la Soledad para transmitir la información. No hay nada peor que tener que conocer lo que pasa en tu casa por la prensa. Mi cofradía se ha vanagloriado de haber celebrado un multitudinario cabildo, sin que haya trascendido información más allá del resultado que daría para un largo análisis, pero no se está preocupando por los numerosos cadáveres que va a dejar por el camino. Nadie ha alzado la voz en contra pese al trato dispensado en aquella ocasión. Cuando los ojos miran al futuro sin pensar en todos los que en un momento han aportado su granito de arena o simplemente participan en la estación de penitencia o contribuyen de otras formas…, algo va mal; si uno no cuida lo que tiene, difícilmente podrá atender lo que está por venir. ¡Cuánto bien haría recordar al Santo de Asís! “Francisco,  repara mi casa,  pues ya ves que está en ruinas”.

Yendo al grano. Hace unos días, conocíamos (por la prensa) que el Obispado había hecho llegar hacía dos meses el decreto para el traslado de María Santísima en su Soledad a la iglesia de los Franciscanos. Hoy mismo, el periódico ABC nos dice cuándo y cómo se realizará dicho traslado hasta la que será su nueva sede. Hasta el momento, los hermanos no hemos recibido información alguna al respecto. Puedo hasta perdonar la falta de respeto, algo ya habitual. Pero claro, no me cuadra la ostentación en la situación que estamos atravesando. En paso y con banda, ¡toma ya! Cuando cada día el panorama que la pandemia está dejando es más estremecedor, con multitud de personas pasando necesidades económicas, de salud…, nos dedicamos a pensar en un jolgorio que contrasta con las acciones más humildes de las que siempre hemos hecho gala. ¿Este el espíritu franciscano que tanto hemos pregonado y que ahora más que nunca vamos a vivir trasladándonos al amparo de la Orden Franciscana? Más valdría haber escuchado el consejo del fundador que, me consta, pensaba que era mejor un traslado en parihuela. Pero claro, cada cual utiliza a las personas y sus consejos según le viene bien.

No estaría de más que los cauces oficiales de información se utilizaran correctamente para transmitir cuestiones importantes como si tenemos o no consiliario y otros tantos detalles que tenemos derecho a conocer. Es tan sencillo… 

Entretanto, acojámonos a la intercesión de San Francisco: “Maestro, que no me empeñe tanto en ser consolado como en consolar, en ser comprendido como en comprender, en ser amado como en amar. Porque dando se recibe, olvidando se encuentra, perdonando se es perdonado, y muriendo se resucita a la vida eterna”.

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