A propósito de Martínez Montañés


Siempre es buena opción hablar de un artista y, si además se hace acerca de un escultor de la talla de Juan Martínez Montañés, el deleite está asegurado. Al hablar, uno se recrea en lo que fue y se fija en el enorme legado que dejó para el disfrute de los que a lo largo de los siglos han tenido el privilegio de admirar su obra. 

Con motivo del cuatrocientos cincuenta aniversario de su muerte, a finales del año dos mil dieciocho se pudo contemplar en su localidad natal, Alcalá la Real (Jaén), una exposición que bajo el título de El Dios de la madera: Juan Martínez Montañés 1569-1649, hacía las delicias de un número considerable de admiradores del afamado autor. Ese título de “Dios de la madera” le vino dado de sus coetáneos, que evidentemente fueron sus primeros seguidores. Tras la visita a esa exposición, quedaba claro mi interés por la prolongación expositiva que seguiría conmemorando la misma efeméride, Montañés, maestro de maestros, ahora en la ciudad en la que falleciera el autor en el siglo XVII, Sevilla, y que muestra la grandeza del mismo aún más si cabe. Solamente algunas obras de la primera muestra se vuelven a exhibir, por lo que esta segunda vuelve a captar la atención como si algo inédito se estuviera exponiendo. 

Si me resultaron admirables los dos retablos del antiguo monasterio de San Isidoro del Campo, que descubrí en una visita a Santiponce (Sevilla), ahora, ver aquí hasta seis de las esculturas que los componen, me ha parecido algo maravilloso. Y si dentro del espacio expositivo tuviera que destacar algo, tarea difícil, diré que me ha parecido deslumbrante la figura de San  Zacarías, procedente del retablo del convento de San Leandro de Sevilla, tallado como un verdadero anciano, con una gran fuerza expresiva; esculpido según aparece descrito en el evangelio el padre de San Juan Bautista, de quien también se pueden ver varias tallas. Representaciones de la Virgen María, Crucificados y otras imágenes de santos completan la muestra.

El Museo de Bellas Artes de Sevilla presenta una exposición que ha sido montada con un gusto exquisito a lo largo de tres secciones y que hace que para los visitantes resulte una experiencia inolvidable; no siempre es posible admirar este tipo de obras ya que muchas quedan reservadas a la clausura de un convento o a colecciones particulares. Si tiene la oportunidad, no deje de visitarla. Estará abierta hasta el día 15 de marzo.

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