Fin y principio


  Septiembre. Fin del periodo vacacional para el grueso de las personas. Estamos caminando por el mes de los buenos propósitos; un mes que es el inicio de ilusiones y proyectos. Como la noria que va girando y vuelve a rodar cuando llega al lugar que ocupaba en origen, entramos en una nueva vuelta, en otra oportunidad para la actualización de planteamientos, una ocasión magnífica para dejar atrás aquello que no nos hizo bien, embellecer lo mejorable y emprender alegremente todo lo nuevo que llega con una bocanada de aire fresco en el transitar de la vida.

  Septiembre representa el nuevo año, más que enero si cabe. Es el momento de volver al orden tras el, muchas veces, anárquico verano; es el tiempo de acabar con los excesos, de llenar los gimnasios con la firme determinación de adquirir una sana rutina. La frescura de aquello que empieza no se dejará empapar por el calor que todavía se resistirá a marcharse en ese veranillo de San Miguel que a buen seguro se aferra a nuestra tierra con más fuerza aún que en los meses anteriores.

 Los comienzos traen la esperanza de llegar a buen puerto con rectos propósitos, pero también los nervios propios de abrirse a lo desconocido; invitan a dejar que el gusanillo de la incertidumbre nos invada, a pensar en un futuro que nos atrape 

  Llegamos al fin de una semana en la que se han estrenado las clases en colegios y facultades; con ellas ha vuelto el gusanillo de los días de inicio y se ha repetido esa larga noche de insomnio previa al retorno, al reencuentro con los amigos o al descubrimiento de un centro nuevo.

  Con el mes de septiembre también ha vuelto la actividad cofrade, con más vigor y fuerza si cabe que en otras ocasiones. Estampas inéditas y originales que van a quedar en la retina del pueblo tras la celebración de un magno acontecimiento que lleva por nombre Por tu cruz redimiste al mundo. Albergo la esperanza de una renovación espiritual, de un encuentro íntimo a través de las imágenes, de la experimentación de una catarsis al admirar a ese Jesús al que tantas generaciones han rezado en tantos puntos de la geografía provincial.

  Que todo empiece y todo acabe contemplando al Nazareno, porque así está escrito: Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Último, el Principio y el Fin” (Ap22, 13).

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