El pregón de la Agonía desde el corazón de Manuel Orozco


 Manuel Orozco Estrada pronunciaba en la noche del veintitrés de marzo un pregón cargado de recuerdos y vivencias en la cofradía del barrio Naranjo, en el que no han faltado referencias a sus devociones particulares. Fue el encargado de formar la primera cuadrilla para el Cristo de la Agonía en su primera salida procesional con costaleros, por las calles del barrio, tras la compra del antiguo paso de la Soledad de Santiago. El pasado año vivía con gozo, como capataz, la primera salida de la Madre del Redentor.

    Desde el corazón de un hombre discreto que con solocatorce años tuvo su primera experiencia en la trasera de un paso, brotaban palabras que hacían emocionarse al propio pregonero así como a los asistentes. En primer lugar eran palabras de agradecimiento, dedicadas con especial cariño a su familia que padece su ausencia durante las noches de cuaresma. También para su madre engarzaba unos versos.

    Un recuerdo muy especial iba para determinadaspersonas que ya no están como algunos de los impulsores de la hermandad entre los que citaba al párroco, D. Agustín; y también Rafael Muñoz Serrano o Carmeluchi, que  tanto le enseñaron. Quizá entre lo más emotivo de la disertación habría que señalar la dedicatoria a Rafael Muñoz Cruz, su maestro y mentor, al que ha tenido muy presente y que lo escuchaba desde la primera fila.

    Manuel Orozco ha estado acompañado musicalmente por Rubén Muñoz Mkrtchian.

    La última parte del pregón era una chicotá a la que ha llamado Manuel, desde el atril y con llamador en la mano, y en la que recogía los siguientes versos:

   Vamos costalero bueno / que no cese el rachear / que aunque la cuesta es muy larga / este es su barrio ya. / Dale paso a la trasera / niño mío, por caridad / que se aproxima la hora / que el Señor arriba está / y su divina enfermera / rota de dolor va.

    Y no quedaban atrás hermosas peticiones como las que siguen: “salud para los hombres te pido, perdón, fe y amor, consuelo para el que sufre y para el que siente dolor, alegría para los niños, caridad y mucho amor, trabajo para el parado y paz en el corazón”.

    Una larga ovación hacía evidente que las palabras pronunciadas por el pregonero habían sido las más acertadas.

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