La Cardenchosa existe


La Cardenchosa es una pequeña y bellísima aldea situada al norte de Córdoba, que casi siempre ha estado olvidada por las Administraciones. Valgan como muestra algunos ejemplos como los que se van a narrar a continuación. Sus vecinos, la mayor parte de ellos de edad avanzada, no cuentan con un servicio público de transporte desde el año 2016; solamente dos días (lunes y viernes) pueden llegar hasta Fuente Obejuna en un autobús que pone a disposición el ayuntamiento. El médico pasa consulta tres veces a la semana y si los residentes en la aldea tienen una urgencia, deben acudir a 26 kilómetros o esperar a que una ambulancia los traslade (con sus correspondientes tiempos tras realizar un doble trayecto). La carretera que conduce hasta allí debe estar en la memoria histórica del político de turno que nunca recuerda que hay que mantenerla y mejorarla; para acometer el arreglo de ciertos tramos se han ido pasando la pelota entre organismos por tal de no asumir responsabilidades. Que alguna vez nieva, aislados hasta que pasa el temporal porque nadie se ocupa de limpiar. La correspondencia llega demasiado tarde o ni siquiera aparece. Y, así, suma y sigue.

Pues bien, mientras la vida pasa plácidamente en la aldea, algunos acaban de descubrir que hay un pueblo que lleva el nombre de “La Cardenchosa” (para otros ignorantes, “La Cardenchuela”), viniendo a enturbiar la paz y tranquilidad que se respira en cada rincón de esta villa. Seguramente no sepan situarla en un mapa, ni siquiera decir la situación geográfica aproximada, pero claro, ante la evidencia de que La Cardenchosa existe, con su plaza y con sus calles, se han dado cuenta de que eso es justo lo que no les gusta, el nombre de una de ellas. Y, ¿qué ha ocurrido? Pues que nada más enterarse, se han puesto en contacto con la alcaldesa del término municipal al que pertenece, Fuente Obejuna, para que tome cartas en el asunto. Ha sido el Ministerio de Justicia el que se ha preocupado por cambiar algo en esta aldea, pero no algo que vaya en beneficio de sus vecinos (ya dije que ninguna Administración se había acordado nunca) sino algo que les resulta incómodo saber que pueda existir.

El hecho en cuestión es que una vía lleva el nombre de Primo de Rivera. ¿Se habrán preguntado desde Madrid a quién hace referencia o desde cuándo se llama así? Quizá no se hayan fijado nada más que en un apellido. A propósito, hay otra calle que se llama Castelar, pero esa parece que no les molesta.

En próximos días se cambiará el nombre para el gozo de unos pocos; pero lo realmente importante no es eso sino que los lugareños se quedarán como estaban, olvidados una vez más y como si no formaran parte de la geografía nacional.

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