Abrir los cinco sentidos


Cuando uno vive algo, lo siente y vibra con ello, abre sus cinco sentidos y se deja empapar. Solamente así, impregnando cada uno de los poros de nuestro cuerpo de lo experimentado en cada momento, será posible hacer una evocación de instantes pasados.

Este año me propongo, y te invito a que lo experimentes, hacer vivo cada detalle que ocurra durante esta Semana Santa.

Deseo abrir los ojos para captar las dimensiones de un paso y el pequeño detalle que alguien mimó al vestir una imagen; para admirar la variedad de color en los distintos calvarios o las diferentes flores que colman una jarra; el espacio que separa a los nazarenos, la lágrima de esa persona que habla a través de la oración, la instantánea plasmada en una pantalla…

Quiero despejar los oídos para sentir la música, percibir el sonido de cada instrumento, sentir el aplauso espontáneo fruto de una emoción que ya es imposible guardar, notar que el silencio descubre lo escondido y permite escuchar incluso la gota derramada de un cirio…

Anhelo el descubrimiento de nuevos aromas: el olor del incienso que se eleva al cielo, de la canela en una torrija, de ese azahar que va brotando en los naranjos…

Intento paladear el dulzor de un pestiño, no gustar el amargor de una salida frustrada, saborear cada grano de sal que condimenta los buenos momentos de estos siete días.

La Semana Santa se palpa, se siente en el frescor de la noche, en la calurosa acogida que dispensa el público en las calles, en el abrazo caluroso transmitido por los arcos que atenúan el frío del suelo en la Catedral…

Abre los cinco sentidos, disfruta de cada instante, que la huella de esta semana quede marcada en tu corazón hasta que surja una nueva. Vive cada día las escenas de una fácil enseñanza, la de una sencilla catequesis plástica que brota cada primavera.

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