8-M sin distinción


Que hombres y mujeres somos diferentes físicamente o sensitivamente, es algo que se puede percibir sin dificultad. Entenderlo así permite admirar la belleza de la complementariedad para la que fuimos creados.
En el contexto de la celebración del Día Internacional de la mujer y, ante la movilización de ciertos sectores, he de decir que la fortuna ha permitido que no me haya sentido nunca en desigualdad de condiciones en el discurrir de la vida. Soy mujer y siempre defenderé los derechos que me corresponden como tal, pero no de manera diferente a lo que haría si tuviera que defender a un hombre, a un niño o a un mayor. En nuestro planeta son demasiados los que no tienen igualdad de oportunidades, muchos los que no cobran un salario digno, cuantiosos los que viven en la miseria, (en todos los casos uso masculino genérico, por lo que me refiero a personas de ambos sexos)…
En el ámbito laboral no he tenido diferencias económicas con respecto a mis compañeros y casi siempre he ocupado puestos de trabajo en los que el número de mujeres ha superado al de los hombres. No puedo entender que en el desarrollo de una profesión, en un centro concreto, tenga que existir una obligada paridad ya que la propia idiosincrasia de las personas determinará este extremo. A modo de ejemplo, si en el ámbito del deporte hombres y mujeres compiten en categorías diferentes, es justo reconocer que la igualdad no puede ser llevada al límite.
Cuando hace casi veinticinco años entré a formar parte del órgano de gobierno de una cofradía, tuve las mismas oportunidades y responsabilidades que el resto de miembros, mayoritariamente hombres. No sentí el desplazamiento o la ignorancia, al contrario, me fueron correspondiendo distintos cometidos de carácter relevante.
Nunca me he sentido frustrada por mi condición femenina, nunca he experimentado la discriminación: ni en la época estudiantil, ni en el trabajo, ni en la familia, ni con los amigos. ¿Afortunada? Quizá. ¿Satisfecha? Por supuesto, al cien por cien. Las mujeres que nos precedieron allanaron el camino que hoy pisamos.
Respeto, por supuesto, otros pensamientos; expreso mi solidaridad con aquellas que sientan la necesidad de reivindicación y animo a la tolerancia para construir juntos un futuro mejor.

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