¿Abrazamos la cruz?


Suena a contradicción, en plena Pascua de Resurrección, leer un titular como el escogido para hoy. En contraste con los días de júbilo que se deberían estar viviendo, con la alegría de un mes de mayo recién estrenado, hacer una reflexión sobre la cruz puede parecer un atrevimiento y, sobre todo, un tema fuera de lugar. Vino a mi pensamiento escribir al respecto porque desde hace bastante tiempo tengo grabado el mensaje de un buen amigo sacerdote al que le gusta hablar de la belleza que se puede encontrar al abrazar la cruz. Y es que es la pura realidad. Somos más de cargar con la cruz ante las adversidades que se nos plantean en la vida, que de abrazarla. Por tanto, no contemplamos aquello bueno que nos ofrece el gesto del abrazo, no estrechamos los problemas entre los brazos para asumirlos y hacerlos nuestros, sino que hacemos valer el refrán que dice que “enfermedad larga, cruz a la espalda”.
Y este pensamiento regresaba a mi memoria tras leer ciertas noticias en la prensa, nuevos datos que se publican y ponen de manifiesto de una manera exacerbada la carencia de valores, la falta de dar un sentido a nuestra existencia, esos datos que resultan de lo más lamentable y tormentoso por no respetar el primer derecho fundamental, el de la vida. Y me parece así no por el contenido sino por la forma de acometer la información.
Voy al grano. Hace unas semanas, con la celebración del Día Mundial del Síndrome de Down, aparecían una serie de titulares que situaban a Islandia como un país en el que en los últimos años no habían nacido niños con esta anomalía congénita y la noticia se difundió a través de distintos medios, corriendo como la pólvora por las redes sociales. La curiosidad me llevó a leer más al respecto y a descubrir que la realidad de este país no dista demasiado de la de otros como el caso de España en que el porcentaje de abortos por casos diagnosticados está muy próximo al cien por cien. Pero, como siempre, prima la acusación a otros. En este sentido, somos poco prudentes, virtud a la que nos dirige la Doctrina Social de la Iglesia: hacer una reflexión, estudiar los hechos, valorar el análisis y el juicio a la luz de Dios y, por último, decidir.
Con la pregunta del título, os invito a elegir entre la disyuntiva: o bien tomarla como una cuestión objetiva, o bien como una sugerencia a ser capaces de dar el mayor abrazo en la dificultad. Como dijera Santa Teresa, “en la cruz está la vida y el consuelo, y ella sola es el camino para el cielo”.

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