El arte de esculpir


A propósito de la obra de teatro que bajo el título de El hombre que esculpió a Dios, la compañía “La Contenida” ha puesto en escena en la iglesia de la Magdalena este fin de semana, voy a desarrollar la reflexión que me ha suscitado la asistencia a este evento. De la mano de la Hermandad del Vía Crucis del Santo Cristo de la Salud, se ha hecho una aportación a la cultura en nuestra ciudad; una función que aplaudo, pues viene a demostrar que existen otras posibilidades en cuanto a los actos que suelen programar las cofradías, más allá del típico concierto de marchas procesionales.
La obra pone en escena a dos escultores del Barroco que no necesitan presentación: Martínez Montañés y Juan de Mesa; y, en esencia, se narra la etapa en la que el cordobés (Juan de Mesa) esculpe la talla de Jesús del Gran Poder. Tampoco la sobrecogedora imagen del Señor necesita descripción alguna. En la actuación se transmite la impresionante reacción de María, la mujer del escultor, al ver el tremendo resultado en la obra concluida, en la misma obra que sigue conmoviendo, invitando a la oración, estremeciendo, a todo aquel que la observa en su capilla o en una salida procesional después de cuatro siglos.
Haciendo referencia al título, basado en una novela del fallecido Fernando Carrasco, se hace inevitable plantear la siguiente pregunta, ¿se puede esculpir a Dios? Evidentemente, no. Pero, claro, hay que tener en cuenta que el título de la obra nos remite a la culminación de una escultura que será instrumento para llegar a Él. No en vano, la devoción a las imágenes nos ayuda a ponerle rostro a Jesucristo, a entender de alguna manera que se hizo hombre y dio su vida por la humanidad.
Enlazando con lo anterior, traigo a colación la maravillosa labor que realizan los imagineros de hoy, como lo hicieron otros muchos a lo largo de los siglos; aquellos, que habiendo recibido el don de modelar una porción de barro, logran crear nuevas efigies; esos que son capaces de trasladar el modelo a la madera y conseguir que algo grande salga de sus manos, representar vivamente una figura que despertará el sentimiento, que invitará a la devoción de muchos, que será el medio por el que tantas personas sentirán cercano a Dios.
Mi admiración y reconocimiento al buen número de escultores-imagineros que en nuestra ciudad desarrollan su trabajo. Ellos serán los que mañana representen la memoria de una época, los que formarán parte de los libros de arte y los que habrán conseguido a través de su obra, haber llegado al corazón de las personas. En este sentido, debemos reconocer el trabajo desarrollado por Manuel, Enrique, Paco, Antonio, José Antonio, Miguel Ángel, Edwin, y por tantos artistas que no solo en la capital sino también en la provincia no paran de enriquecer el patrimonio artístico a través de la imaginería. A todos ellos, como dice un buen amigo mío, Dios les permite seguir trabajando; y añado, a todos los cofrades nos conceden el privilegio de disfrutar de los éxitos que cosechan cada año.

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