“¿Acusaciones? No, gracias”


Ya no se cuestiona que vivimos en una sociedad que carece de cualquier resquicio de humanidad, una sociedad que ha perdido todo valor humano: no somos respetados porque no sabemos respetar, no somos capaces de aceptar a los demás tal y como son, hemos olvidado la verdadera amistad, la honestidad…

A nadie escapa que los cofrades somos un grupo fuerte y numeroso dentro de la Iglesia, un movimiento que genera en nuestra capital y provincia muchísimos puestos de trabajo y que durante una semana atrae a un buen número de turistas que permiten crear riqueza en la ciudad. Es el carisma que hemos recibido, nuestra forma de vivir la fe.

Todos estos datos, objetivos en cuanto a que son perceptibles, son los que nos hacen estar en el punto de mira de unos cuantos. Es evidente que escribo todo esto en relación a los hechos que se vienen sucediendo desde hace tiempo y que en la última semana han cobrado una dimensión mayor: publicaciones en las que se han vertido acusaciones que no han sido acogidas de la mima forma por todos.

No hay que olvidar que el cristianismo ha vivido momentos de persecución desde el principio. Nerón desencadenó la primera de esas persecuciones, fruto de un odio impulsivo, en el año 64. Especial relevancia tendría la persecución de Decio en un intento por destruir completamente el cristianismo. Solo por profesar nuestra religión, ha existido un reproche continuo, se nos ha interpretado de manera falsa porque la calumnia y la ignorancia han campado a sus anchas siempre en la sociedad. ¡Qué gran cantidad de cristianos sufrieron la flagelación, la cárcel e incluso la pena capital, y aún hoy las siguen padeciendo!

En mi opinión, ese es el testimonio que tenemos que dar. No debe ser nuestro estilo entrar en debates ni en acusaciones hacia otros. Recordemos las palabras del evangelista Lucas, “bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que difaman”, “no juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados”, porque en ellas entenderemos que tampoco hemos actuado los cofrades de manera coherente. No corresponde hacer ciertos comentarios fuera de tono por parte de algunos representantes de nuestras cofradías. Recapacitemos al respecto.

Eliminemos las piedras del camino para hacerle más fácil el recorrido a nuestros semejantes. No pongamos más obstáculos, seamos constructivos y si nos acusan de algo que sea de hacer el bien.

  

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