Fray Joaquín Rojas de la Cruz


Quizá la curiosidad lleve a más de uno a abrir este artículo para conocer quién es el fraile que le da título. Probablemente, incluidos todos los que frecuentan el convento de San Cayetano, nunca hayan oído este nombre; pero si hablamos del hermano Joaquín, fraile carmelita, al que siempre que subes la cuesta puedes encontrar abriendo o cerrando la iglesia, anotando misas o bodas en la sacristía, que tiene todo dispuesto para las celebraciones, seguro que queda algo más claro y no necesita mucha más presentación.
Hablar del hermano Joaquín es tener como referencia a ese abuelo que te cuenta mil historias con el corazón, fruto de su amplia experiencia y de toda una vida dedicada al Carmelo. Para aquellos que no tienen la suerte de conocerlo, Joaquín es menudo, pequeño de estatura pero grande de corazón. Si la cara es el espejo del alma como dice el refranero, tengo que añadir que sus ojos son los de un bonachón, un rostro que refleja amor, paz, serenidad…
Pues bien, hace unos días, muchas personas queridas por Joaquín y que se sienten queridas por él, todas pertenecientes a la Real, Muy Ilustre, Antigua, Centenaria y Venerable Archicofradía de Nuestra Señora del Carmen Coronada, Milagroso Niño Jesús de Praga y Santa Teresa de Jesús, eran convocadas a través de WhatsApp, para entregar un regalo al hermano Joaquín el día uno de enero. La respuesta afirmativa no se hizo esperar. Todos estarían presentes.
El primer día del 2017 se cumplían ochenta y nueve años del nacimiento de este fraile carmelita y a las siete de la tarde un buen número de los convocados se daba cita en lo más alto de la cuesta de San Cayetano para felicitar al hermano Joaquín. La Archicofradía lo había dispuesto todo, haciendo gala una vez más de esos pequeños detalles que crean fraternidad entre los hermanos y comunión, en este caso, con la Orden Carmelita Descalza. Una magnífica pintura en pastel con la imagen de Joaquín junto a su querida Virgen del Carmen, enmarcada con la leyenda “la Real Archicofradía del Carmen a fray Joaquín Rojas de la Cruz del convento de San José Córdoba – Sacristán Mayor”, era el presente que con mimo habían ideado los más jóvenes y lo habían convertido en realidad. Era el reflejo del cariño mutuo, una buena forma de comenzar el nuevo año.
Seguro que la Virgen del Carmen seguirá acogiendo y protegiendo bajo su capa blanca a este grupo en los meses venideros y les regalará durante muchos años más la presencia del hermano Joaquín junto a ellos.