Tiempo de espera


Algunas veces me planteo las razones de esas acusaciones que sufrimos la mayor parte de los que pertenecemos a cofradías, en el sentido de no hacer otra cosa que realizar una cuenta atrás anhelando el ambiente festivo que llega cada año con la preparación de nuestras salidas procesionales. Parece como si durante el curso, no hiciéramos nada más que hibernar o dormir el sueño de los justos, sin tener más preocupaciones que cuidar el aspecto estético que se hará visible en un desfile o pensar en cuestiones materiales más que preocuparnos por las personas.

Pues no todo es tal cual lo pintan. Una cosa es la apariencia y otra, bien distinta, la realidad. Acaba de comenzar el tiempo de Adviento, un tiempo que nos ayuda a  aprender, un tiempo que puede utilizarse didácticamente. Con la vista puesta en Navidad, recordamos que hace más de dos mil años nacía Jesús. Así lo acogemos y así lo vivimos. Preparamos la celebración más especial que se puede tener en un cumpleaños, ya que Dios se hizo hombre para asemejarse a nosotros y así lo recordamos. Con  humildad lo esperamos, como un renacer a la vida que es esperanza para la humanidad.

Para llegar a este punto necesitamos una preparación, tener una actitud reflexiva y de brazos abiertos, pues esperamos no solo el nacimiento sino también la venida gloriosa del Señor. Así lo escuchábamos este domingo en el evangelio: “estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor”. Con vistas a ello, vamos creciendo espiritualmente.

Este tiempo de espera se convierte en esperanza también para los que pasan dificultad. Es en este mes de diciembre cuando más sensibles nos sentimos ante las necesidades de los que menos tienen. En estos días se hace más fácil recordar las palabras del Santo Padre, Francisco, cuando afirmaba que la identidad del cristiano es la alegría. Esa misma alegría es la que hemos visto reflejada en el rostro de muchos hermanos cofrades que, rebosando una generosidad extrema, se han anclado durante el fin de semana a las puertas de los supermercados en una operación kilo para la que han derrochado agrado y con la que han conseguido recoger abundantes productos de alimentación. Por original, merece la pena citar la iniciativa de la Hermandad de la Cena que bajo el lema “¡La Cena monta el pollo!” va a recaudar fondos para comprar pollos con el fin de ser donados a familias necesitadas.

Dignos de admiración son los jóvenes, a los que dedicaba mi colaboración la pasada semana. Ellos son los responsables de pensar en los pequeños, los que mantienen la ilusión con múltiples iniciativas que se plasman en la organización de distintas recogidas de juguetes. Sin saber ni el día ni la hora, estos gestos les hacen permanecer atentos, no se verán sorprendidos por la venida del Mesías porque ya están preparados para ello.

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