Juventud, divino tesoro


A menudo surgen comentarios que señalan con actitud inquisitoria a los componentes de esa bella etapa de la vida que recibe el nombre de juventud. Con frecuencia son acusados de mala educación, de tener una actitud pasota, de no preocuparse por nada ni por nadie. No hace ni una década que surgió ese concepto de “generación nini” que incluye a jóvenes que ni estudian ni trabajan, que se desaniman fácilmente y muestran su apatía ante los avatares diarios.
Después de lo dicho, el título de esta reflexión podría parecer irónico, pero nada más lejos de la realidad. Pretende todo lo contrario; reflejar, de alguna forma, que los jóvenes son un tesoro por descubrir. En ellos está la pasión por vivir cada minuto exprimiéndolo, la belleza de algo fresco y moldeable, la esperanza en momentos difíciles, la alegría que contagia…
Así considero a todos los jóvenes que nutren las filas de nuestras cofradías. Lo hago tras el análisis de lo acontecido este fin de semana. Trescientos chicos de Córdoba y provincia que, convocados por la Hermandad del Rocío de nuestra ciudad, emprendían el pasado sábado una peregrinación hasta las plantas de la Blanca Paloma, una ocasión para celebrar una especial convivencia que iba a durar dos días. La aventura comenzaba con el traslado hasta Almonte. De allí a la aldea, un recorrido a pie a lo largo de quince kilómetros; un trayecto en el que rezar, conversar, compartir la comida, peregrinar, en definitiva, hasta las plantas de María. Jóvenes por la Fe, nada más y nada menos.
¿Alguien puede imaginar lo que se pudo sentir al verlos llegar a la ermita? Un reguero que recorría el pasillo central para dar gracias a María; sin huella del cansancio acumulado a lo largo de la jornada, con ojos llenos de lágrimas por la emoción del momento, y celebrando la eucaristía incluso sin poder sentarse.
Después vendría la fiesta, una fiesta en la que se apreciaban los principios sanos de estos chicos: música y baile hasta altas horas; pero para dar una última lección a todos los presentes, fueron puntuales y atendieron expectantes a una charla formativa en la mañana del domingo. ¿Se les puede reprochar alguna cosa o pedir algo más? Son un ejemplo en todos los sentidos. Sigamos alentándolos a que sigan creciendo en amor, caridad, servicio… En sus manos está el futuro.
La fe de los jóvenes será el tema a tratar en el próximo sínodo del año 2018; interesante aspecto de trabajo propuesto por el Papa Francisco. No me cabe duda que arrojará luz para seguir caminando.

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