Alcanzar un consenso


A estas horas cada uno de los hermanos mayores de las cofradías de penitencia habrá tomado una decisión sobre el tan traído y llevado tema del traslado de la carrera oficial. Esta noche es la gran cita del movimiento cofrade, una oportunidad para demostrar que la unidad es posible. Hablar en estos términos puede resultar utópico, pero quizás no sea una idea descabellada. Si se ha logrado llegar a un acuerdo en multitud de ocasiones, si se ha respondido de forma unánime demostrando que los cofrades viven la comunión eclesial, ¿por qué no hacerlo en este momento? No se debe perder de vista que los hermanos mayores representan a sus respectivas cofradías y que, por tanto, su voz es la de un gran número de fieles católicos.
Define la Real Academia Española consensuar como “adoptar una decisión de común acuerdo entre dos o más partes”. Eso sería lo deseado en una situación de tanta relevancia, llegar a un consentimiento por parte de todos los miembros del pleno de penitencia. Viene como anillo al dedo, para la reflexión, el capítulo 12 de la primera carta de San Pablo a los Corintios, “ciertamente muchos son los miembros, pero uno solo el cuerpo. No puede el ojo decir a la mano: «No te necesito»; ni tampoco la cabeza a los pies: «No os necesito». Más aún, los miembros del cuerpo que parecen más débiles son más necesarios; y a los miembros del cuerpo que parecen más viles, los rodeamos de mayor honor, y a los indecorosos los tratamos con mayor decoro; los miembros decorosos, en cambio, no necesitan más. Dios ha dispuesto el cuerpo dando mayor honor a lo que carecía de él, para que no haya división en el cuerpo, sino que todos los miembros se preocupen por igual unos de otros. Si un miembro padece, todos los miembros padecen con él; y si un miembro es honrado, todos los miembros se gozan con él. Vosotros sois cuerpo de Cristo, y cada uno un miembro de él” (1 Cor 12, 20-27).
Atrás quedaron los años en que un número reducido de hermandades abría el camino al resto para peregrinar a la Santa Iglesia Catedral, incluyendo en sus respectivas estaciones de penitencia al templo mayor de la diócesis, símbolo de la unidad de la iglesia diocesana. Nuevas incorporaciones producidas año tras año han permitido que con el paso del tiempo se haya tomado conciencia de la necesidad de afrontar este cambio sustancial. Ya se ha hablado suficientemente, el debate ha sido amplio…, por tanto, ha llegado la hora de la verdad, ha llegado el momento de dejar de mirarse el ombligo y de darse cuenta de que alrededor de este hay otras realidades, otras voces que buscan un bien común, el que en la doctrina de Santo Tomás de Aquino aparece antepuesto al bien particular.
En la mano de los responsables cofrades se encuentra permitir que la dificultad del consenso no sea tal, que se dejen atrás los intereses de unos y de otros y se afronte con humildad una decisión en la que todos tenemos algo que ceder y en la que todos tenemos algo que ganar. Sería lamentable que mañana se hablara de vencedores y vencidos. “Quien tenga oídos para oír, que oiga” (Mc 4, 9).

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