Para evitar la ignorancia, formación


Hace ya un tiempo que la diócesis ponía a disposición de todos los cofrades un excelente curso de formación que apenas era aprovechado por una veintena de personas. Fue un feliz acontecimiento que nació con la idea de perdurar en el tiempo y que iba a morir poco después. Este curso, que se retomaba hace un par de años, se había descafeinado un tanto y tampoco obtuvo una respuesta masiva.
Es cierto que en el seno de las hermandades cordobesas surgen cada año iniciativas formativas, pero que no tienen continuidad, quedando diluidas en un corto espacio de tiempo y dejando en el aire un largo camino que poder recorrer. Las juntas de gobierno deberían sentir inquietud por cultivar este aspecto y los consiliarios tendrían que cuidarlo.
En días pasados, leía una propuesta de la Agrupación de Hermandades y Cofradías de nuestra ciudad, una convocatoria para realizar un curso de protocolo destinado a profundizar en el modo de actuar en la organización de actos. Aplaudo cualquier paso que se dé en este sentido porque se contribuye a cumplir con una de las obras de misericordia, “enseñar al que no sabe”; pero apelo al trabajo que este organismo puede ejercer en sentido formativo y que hasta ahora no ha fomentado. ¿Por qué no plantearnos la forma en que actuamos en los actos de culto de nuestras hermandades? ¿Sabemos qué protocolo seguir o cómo actuar en una iglesia? Es cierto que algún cuerpo de acólitos demuestra conocer la liturgia sobradamente, pero son ejemplos escasos. Quizás sea el momento de plantear la necesidad de una formación adecuada que nos haría menos vulnerables y permitiría responder a los continuos ataques recibidos desde los distintos sectores de la sociedad, una formación que aportaría luz en momentos de críticas y que nos ayudaría a encontrar el sentido de pertenencia a nuestros grupos cristianos.
Aunque este año no se oferta el curso para cofrades, se ofrece desde la diócesis la posibilidad de participar en un curso de Liturgia, una disciplina a la que están llamados a formarse, al menos, los vocales de cultos de nuestras cofradías. Con total seguridad, viviríamos más intensamente la celebración de nuestra fe.
El Papa Francisco, recordando a San Jerónimo, decía que “la ignorancia de las Escrituras es ignorancia de Cristo”. Si las cofradías somos un medio de evangelización en medio de una sociedad carente de valores, no nos permitamos ser ignorantes. La vida es un constante aprender; por tanto, no despreciemos la formación para poder transmitir el mensaje que llevaron en el pasado tantos hermanos que nos precedieron. Seamos portadores de esperanza para todos los que viven en un mundo lleno de tinieblas.

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