El decreto pangolín y el Capitán Pyme…nton

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Ahondo en la actualidad; y bien que lo siento, porque jartura habemus del temita, pese a que nos asola en carne, ánimo y ánima. En este cortoperolargo tiempo de autodestierro impuesto y reclusión maldita, no resulta aconsejable volver y volver a la herida que causa tanta habladuría de tertulia bajuna, como si lo fácil de la crítica sanara esta desazón que nos circunda la existencia. Pero hay que hacerlo, siquiera sea por purga sanatoria. Me refiero, cómo no, a volver a opinar sobre los efectos del bicho chino (si es que lo es) en nuestra social España y de cómo unos bribonzuelos preñados de ignorancia están llevando el timón de la nao al que se han adherido por casualidad. Igual a los bribones solo los veo yo, como si zombie fuera, o como Donquijote al malandrín follón por el que desvaneció los odres en aquella venta de Sierra Morena.

Y fácil será decir aquello de “si tan listo eres, ponte tú”, pero no; aqui el menda opina porque cree que puede y porque no codicia precisamente las mieles del poder. No se trata de hacerse eco de “nius” (fakes o no), estadísticas, comentarios, rumores o bulos; es solo un lamento real por la invisible sangría que nos asola (y asolará) con las decisiones de nuestros directores de orquesta patrios.

La tardía reacción de los nuevos monclovitas al desastre natural o artificial que nos ha venido o que nos han traído, ha desencadenado una suerte de deriva legislativa tal, que pareciera que el ejecutivo legislador sufre de colon irritable normativo, llevando a las afueras de sus entrañas el resultado de su caos.

Aquel “pueblo español” que retumbaba en la Transición, hoy renombrado como sociedad civil, se levanta cada día de este periodo prisionero, manejando familiarmente conceptos como Decreto-Ley, Pyme, Autónomo, Erte, moratorias y BOE. Triste, tan triste como el torero de Sabina y con sombras más largas que la del ciprés de Delibes. Los Consejos de Ministros, presididos por un holograma de pangolín, decretan y decretan (¡qué gusto sentirse parlamento!) y sus directores secundarios interpretan (¡qué gusto sentirse juez!) y excretan circulares, criterios y recomendaciones. Que sí, que todo esto es urgente y emergente, pero no sé si saben lo que hacen o hacen lo que pueden, si puede que sepan o si saben poder.

Y se les llena la boca del Boe de pymes y autónomos cuando ninguno de ellos ve la luz, por mucho reaño que el pueblo le eche, por muchos optimismos y aplausos de balcón, por mucho mensaje viral de #estologanamosjuntos y todos los altos precios que pagamos y pagaremos. Esta crisis no nos cambia, tranquilos. Pasará y recordaremos con orgullo los genitales ibéricos que le echamos y qué grande es el ser humano que puede con todo. Hemos sufrido tan solo un capirotazo del Cielo porque Dios aprieta pero no ahoga y los del timón volverán a vendernos la falta de humildad.

El pangolín se oculta en la entraña de las montañas, pero la FE las mueve. Habrá podido el pueblo, pero no vosotros, leguleyos timoneles.

2 Comentarios

  1. Enhorabuena Antonio Cesar.
    Conservo tus mensajes desde el más terrible y recordado de tu querido tío y amigo personal.
    Sigue y sigue escribiendo, cuando tu profesión te lo permita.
    Tu familia, tus amigos y tus lectores te lo agradecemos

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