¿Por qué los economistas siempre se equivocan?


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Monedas. /Foto: LVC

En el año 2008, Prakash Loungani, economista del Fondo Monetario Internacional, descubrió que la mayoría de grandes instituciones económicas, tanto públicas como privadas, se dedicaban a hacer previsiones macroeconómicas que luego no se correspondían con la realidad. Llegó a concluir que solo el 10% de las estimaciones eran al final correctas. Ya lo vimos durante 2008 y 2009, ninguna de las más importantes organizaciones económicas del mundo supo predecir la grave crisis financiera. Quién sabe, puede que en estos momentos esté ocurriendo algo parecido con la recesión económica que parece que se cierne sobre nosotros, pero bueno, eso es otro tema. Para lo que hoy nos atañe, vayamos a comentar por qué los economistas siempre fallan en sus previsiones sobre el futuro. 

Desde mi punto de vista, la respuesta es bien sencilla. En la economía se ven involucrados seres humanos, únicos e irrepetibles. Cada mente humana es un mundo diferente, con unas aspiraciones, principios, fines y medios totalmente diversos y en constante cambio. Esto es lo que hace imposible predecir el comportamiento humano. Así pues, la economía se entiende como ciencia social y no como ciencia exacta; el objeto de estudio de la economía está lleno de variables que no pueden reducirse a constantes para ser matematizadas o modelizadas. 

Sin embargo, esto que parece tan evidente, supone y ha supuesto gran controversia dentro de la ciencia económica. En de la disciplina, hay corrientes que consideran las matemáticas como el método más idóneo, y otras que lo entienden como un error metodológico. Yo me encuentro dentro del segundo grupo. Y, aunque este aspecto metodológico pueda parecer insignificante, ha tenido importantes repercusiones en la construcción de teorías que luego se han aplicado en forma de políticas económicas. 

El socialismo, entendido como la planificación o intervención del Estado en la economía -comprendiendo desde la socialdemocracia hasta el control absoluto del gobierno- se justifica teóricamente en esa metodología matemática. Los teóricos socialistas dedicaron el siglo XX a intentar demostrar que el Estado podía controlar la economía a través de complejos agregados matemáticos. La Escuela Austriaca estudió cómo era imposible conseguir prosperidad económica mediante la agresión institucionalizada a la libre creatividad empresarial y humana, porque recordemos, el hecho de que un gobierno controle la economía supone impedir que libremente dispongas de tu propiedad o inicies actividades empresariales; solo puede hacerlo el Estado y prohíbe al resto el intentarlo. 

Cualquier política pública que en las socialdemocracias de hoy se implemente, está basada en teorías económicas que implican modelizaciones matemáticas. Suponen a los agentes económicos, a las personas, como una constante –apenas variable- y juegan con nosotros como si fuéramos una pieza más del puzle. No llegan a comprender la grandeza del ser humano, de su creatividad y función empresarial. Sin embargo, la Escuela Austriaca, además de rechazar las matemáticas y las modelizaciones como método, entiende que el ser humano y su creatividad es, en palabras de Mises, la fuerza impulsora de la economía de mercado. Esta metodología es mucho más humilde, pues no pretende modificar el comportamiento de nadie. Tampoco pretenden entenderlo, pues eso sería más bien la función del psicólogo y no del economista; simplemente se encargan de estudiar los procesos sociales que se derivan de las decisiones humanas libres, sean las que sean. Por eso mismo, los austriacos nos posicionamos en contra de cualquier intervención del Estado en la economía. Sabemos que es imposible entender, comprender y predecir el comportamiento humano y, además, creemos que cada persona posee una capacidad innata para poder crear, descubrir y cooperar socialmente. Por ello, estamos seguros de que, si un gobierno intenta manipular las decisiones y acciones humanas creyendo que lo sabe todo por sus teorías y modelos matemáticos, fallará en sus estimaciones y los resultados serán peores que si dejamos a las personas actuar libremente. Si sabemos que sus modelos matemáticos de previsión fallan en el 90% de los casos, no resulta muy inteligente confiar el rumbo de la economía en esas erradas modelizaciones. 

Esto es perfectamente comprobable en la realidad, es una correlación evidente. No solo cuenta el fracaso de los países socialistas, sino que, en el resto de países podemos observar cómo, a medida que el Estado interviene menos en la economía, se genera mucha más riqueza, hay mucho más empleo, ahorro, inversión y prosperidad. Toda creencia en la intervención del gobierno en la economía viene de una discusión metodológica que, desde mi opinión, debería de revisarse dentro de la propia ciencia, teniendo en cuenta la realidad cambiante y dinámica, así como al verdadero eje central y motor de la economía y la sociedad: el ser humano y su capacidad creativa empresarial. 

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