El Estado, ¿solidario?


El modelo presente en la mayoría de países desarrollados y consolidados económicamente es lo que conocemos como Estado de Bienestar (en adelante EB). En teoría, surgió para reducir desigualdades y con el fin de garantizaruna vida digna los más vulnerables de la sociedad. A pesar de todas las ineficiencias que acarrean dichos sistemas y estructuras económicas, el cambio de modelo no es algo que esté sobre la mesa. Se asume que una mayor liberalización de la economía trae consigo ese desprecio a los más frágiles de nuestras sociedades. Por contra, criticaremos en este artículo la condición solidaria del Estado y cómo falla en sus generosos objetivos. Empecemos.

Desde mi parecer, la solidaridad implica voluntariedad. Que el Estado nos obligue coactivamente a contribuir a una causa social, acaba desvirtuando el propio concepto de solidaridad. La solidaridad tiene que ser voluntaria, no puede ser obligatoria, sino, ¿dónde está la virtud de la persona que la ejerce?

Pues, históricamente, los gobiernos se han encargado de destrozar estos vínculos y redes de solidaridad que existían previamente en las sociedades más liberales. Además, no solo fue negativo el resultado, sino que, en sus orígenes, las intenciones eran todavía peores. El EB surgió en la Alemania de Otto von Bismark. Este último, aseguró al historiador William Harbutt Dawson que su propósito al crear el EB era el de engañar, o si lo prefieren, persuadir a las clases trabajadoras de que el Estado era una institución social que existía para preocuparse de sus intereses. No es la solidaridad lo que mueve al gobierno, es el poder lo que lo hace.

Este propósito lo cumplieron con creces. Antes de la creación del EB tenían gran peso dos formas de colaboración social: las sociedades de ayuda mutua y las filantrópicas. Las primeras podemos asemejarlas a lo que conocemos como seguros, donde las personas contribuían con una tasa que les daba derecho a ser cubiertos en caso de necesidad. Y las segundas, representan lo que habitualmente conocemos como caridad.

Pues bien, a comienzos del siglo XX, se estima que 1 de cada 3 hombres en EEUU pertenecía a una sociedad de ayuda mutua y que tres cuartas partes de la población inglesa que en 1911 pasó a estar cubierta por el Sistema de Seguridad Social ya lo estaban por las más de 9.000 sociedades de ayuda mutua que existían en el país. Además, según los historiadores, este fenómeno se extendía por el resto del continente europeo. Para los escasos niveles de riqueza del momento, las sociedades llegaban a cubrir sueldos perdidos por enfermedades, gastos por funeral, desembolsos sanitarios, seguros de vida, pensiones de jubilación, viudedad y orfandad o incluso, los gastos de viaje por cambio de trabajo. Construyeron, 71 orfanatos solo en EEUU y asilos y hospitales punteros para aquellos tiempos.

Para el caso de la filantropía, en Inglaterra y Gales en1871-1874, había hasta 17 tipos distintos de organizaciones filantrópicas. De entre ellas destaca la oferta de hospitales voluntarios, gratuitos para los pobres, con ratios de 10 camas por 10.000 habitantes ingleses en 1891, y de 22 por cada 10.000 habitantes en 1931. En comparación a las 33 camas por cada 10.000 ciudadanos que presenta hoy toda la sanidad pública inglesa, con los niveles de pobreza de aquellas épocas, resulta un dato muy interesante.

Pero no solo existieron estas redes voluntarias antes de la creación del EB, hoy día, en el país donde todavía no existe un sistema de bienestar al estilo europeo como es EEUU, la asistencia social privada representa el 2% del PIB. Y es una cifra que no ha variado, prácticamente, ante las grandes reducciones de los tipos impositivos para las rentas más altas.

Concluyendo

La sociedad, en plena libertad, se ha sabido organizar para cubrirse económicamente de cara a posibles adversidades y, además, ha colaborado para poder asistir a aquellos que menos tenían. Lo ha hecho, y lo seguirá haciendo el día que prescindamos de las ayudas gubernamentales. Tenemos que saber que el EB, además de ineficiente, rompe los vínculos sociales de cooperación y desvirtúa el concepto de solidaridad, obligando a sus ciudadanos a ser caritativos, no con un ánimo fraternal, sino, más bien, desde una actitud ambiciosa para conseguir mayor respaldo y poder.

 

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