Elecciones municipales y propuestas económicas


 

Estando ya en campaña electoral para los comiciosmunicipales, no paran de verse propuestas de corte económico en muchas localidades pequeñas y medianas. Es fantástico que el tema económico ocupe gran parte del debate político municipal, pues, ciertamente, la economía es algo clave en política. Sin embargo, dedicar gran espacio a la economía, también acarrea una mayor probabilidad de que se lancen mensajes erróneos, o incluso, demagógicos. Por esto mismo, analizaremos y trataremos de desmontar algunos tópicos económicos.

Empleo, inversión y despoblación

Un ayuntamiento no crea empleo. Es más, podríamos decir que ninguna administración pública lo crea, y si me apuran, aseverar que los gobiernos destruyen puestos de trabajo tampoco sería algo del todo esperpéntico. En realidad, la administración, y en concreto, un ayuntamiento, solo puede poner o quitar trabas a la creación de empleo. Establecer costosas licencias o tasas son ejemplos de cómo un gobierno municipal puede dificultar la contratación y emprendimiento. Pero, por lo general, el que se genere empleo depende, en gran medida, de la estructura productiva de la zona y de la legislación en materia laboral. Dos aspectos sobre los que un ayuntamiento no puede hacer absolutamente nada.

Cuando digo que un ayuntamiento no puede hacer nada, estoy refiriéndome a soluciones sostenibles. De manera irresponsable, el consistorio municipal podría gastar todos sus fondos, e incluso, endeudarse para conseguir la plena ocupación. Podría levantar y reformar todos los parques, acerados y calles. El problema es que este empleo, además de no ser altamente productivo, no sería indefinido; en algún momento se toparía con restricciones presupuestarias o no habría más espacios que reformar. Desde luego, los planes de trabajo garantizado no suelen ser muy buena opción: el famoso Plan E de Zapatero fue una demostración de ello.

También apuestan por atraer empresas e inversión a las localidades. Algo muy complicado, puesto que, de nuevo, los factores determinantes son la estructura productiva y la legislación laboral y fiscal. En este caso, de igual manera, podríamos optar por el despilfarro, concediendo ayudas o subvenciones a las compañías o firmando acuerdos, algoque es cuestionable desde la efectividad y la moralidad. Primero, porque los fondos públicos, sobre los que no existe responsabilidad directa ni incentivos por el lado de los empresarios, no siempre son bien invertidos. Y segundo, porque una subvención es un privilegio concedido por una administración a otra organización, algo que nos acerca mucho más al capitalismo deamiguetes y las oligarquías que al libre mercado. La inversión, que igualmente genera trabajo, solo llegará si tenemos una buena fiscalidad y una atractiva estructura productiva, y esas dos cosas dependen de administraciones superiores a la local.

Otro tema muy presente es la despoblación. Este mismo enlaza con los dos anteriores, ya que dicho fenómeno se produce por el desempleo y la falta de oportunidades que hay en el municipio. La única alternativa que tendría un ayuntamiento para poder frenar tan negativascircunstancias como esta, es que estuviera en un régimen de competencia fiscal con el resto de pueblos. Así, todos ellos rivalizarían por una fiscalidad y un ambiente institucional lo más favorable posible para atraer esa inversión, y que esta generara esos puestos laboralesnecesarios y sostenibles en el tiempo, para evitar el proceso de despoblación.

El momento de reclamar empleo e inversión no es el de las elecciones municipales. La ocasión para exigir cambios, reformas y mejoras es la de las autonómicas y generales. Si de verdad queremos que el ayuntamiento sea la institución que tenga la responsabilidad de adecuar y mejorar las circunstancias para conseguir mayor crecimiento y desarrollo económico y social, reivindiquemos una mayor descentralización y la creación de un sistema de competencia fiscal entre los propios municipios. Mientras tanto, los votantes hemos de saber que, en las pequeñas y medianas poblaciones, las críticas, propuestas y exigencias en materia de inversiónempresarial y empleo, vertidas por cualquier partido político, son herramientas electorales que están muy lejos de convertirse en una realidad sostenible en el tiempo. No obstante, en los asuntos en los que sí existen competencias, un partido responsable se debería de comprometer con sus ciudadanos en la reducción de la deuda pública municipal, en el mantenimiento del equilibrio presupuestario y, además, aspirar a conseguir bajadas de impuestos y tasas que afecten directamente a las familias.

 

 

 

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