Partidos políticos y crisis económicas


La próxima crisis económica parece estar a la vuelta de la esquina. Lo sabemos -aunque no tenemos certeza absoluta- porque se ha detectado uno de los síntomas que casi siempre acontece antes de una crisis financiera de gran magnitud. Esa señal es la nueva forma que ha adoptado la curva de tipos de interés del bono americano a diferentes periodos. En el gremio economista se dice que la curva se ha invertido, es decir, que los tipos de interés que se pagan a corto plazo son superiores a los que se pagan a largo plazo. Una situación anómala, puesto que, en plena normalidad, a mayor plazo, mayor tipo de interés tiene el instrumento financiero del que hablamos. La razón principal es el aumento del riesgo en los pasivos a corto plazo.

De esta crisis venidera no tiene culpa Pedro Sánchez, ni tampoco la tendría cualquier otro presidente que, en caso de haber ganado ayer, hubiera sido elegido cabeza del ejecutivo. De igual modo, el expresidente Zapatero no fue el causante de la gran crisis vivida en España hace prácticamente una década. Pero, cuidado, sí tienen potestad para paliar o agravar cualquier situación que suceda y que tenga causas externas, como es el caso de las crisis financieras.

Ante un panorama donde la inversión empresarial se derrumba por quiebras, impagos de deuda y menores ingresos; los salarios se desplomarán y el desempleo se disparará. Así, el gobierno puede optar por facilitar la recuperación económica o poner piedras en el camino a los empresarios y trabajadores para que puedan salir de ese estado rápidamente. Y el gobierno aquí, tiene poder de decisión en dos materias: mercado laboral y finanzas públicas.

Podemos optar por un mercado laboral rígido y excesivamente regulado, donde los costes laborales para los empresarios sean muy altos, con la premisa de la protección del trabajador. O por flexibilizar la contratación, despidos y reducir los costes laborales no salariales para la empresa. En el primer mercado, tendremos lo que siempre hemos conseguido en España: una dualidad en el mercado laboral que discrimina a los trabajadores temporales y sobreprotege a los indefinidos y unas tasas de temporalidad que superan el 30% antes de la reforma laboral del Partido Popular. Sin embargo, el segundo escenario, aunque parezca más duro, permitirá una rápida reestructuración de las empresas, consiguiendo una recuperación más pronta y sana que el caso primero. Es evidente, las empresas son las generadoras de empleo y riqueza en colaboración con los trabajadores; si sus ventas caen, tendrán que reducir costes y reorganizarse para seguir adelante. Imponer adicionales costes y dificultades a los empleadores solo irá en perjuicio de los trabajadores y del crecimiento económico en general.

Por el lado de la política fiscal y las finanzas públicas tenemos más de lo mismo. Los impuestos son mayores costes para empresas y trabajadores, ya sean presentes, o bien, futuros en forma de déficit constante y acumulación de deuda pública, que tendrá que ser amortizada con las contribuciones de posteriores ciudadanos. El gobierno debe de mantener el equilibrio presupuestario para no comprometer a las generaciones futuras y dejar de asfixiar a las presentes con altas cargas fiscales.

Así como se puede paliar una crisis económica, también se pueden aprovechar los momentos de auge del ciclo, donde también convendría una política liberal de impulso empresarial, libertad y equilibrio presupuestario.

Los ejemplos son llamativos y muy aclaradores. Alemania y EEUU fueron países que estuvieron sumidos en la profunda recesión financiera de 2008, y donde la crisis no golpeó tan fuerte como aquí gracias a un mercado laboral flexible y una política fiscal responsable, lo que hizo que las empresas se ajustaran a la coyuntura, alcanzando tasas de desempleo que ni hoy día conseguimos lograr en nuestra economía. Apostemos por copiar aquello que hacen bien en otros sistemas políticos y económicos.

En este sentido, el nuevo gobierno encabezado por Sánchez tendrá que hacer frente a la situación de recesión -como ya se las está viendo con la desaceleración económica- y parece que optará por lo mismo de siempre: las excesivas regulaciones laborales y los “viernes sociales”. Siempre muy orgullosos y convencidos en esa justicia social que acaba empobreciéndonos a todos y, principalmente, a la clase trabajadora.

 

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