Lo que se ve y lo que no se ve (II): privatizaciones


En mi artículo anterior ya tratamos el tema del gasto público desde la perspectiva del autor francés FredericBastiat. Este análisis de las medidas de política económica lo hacíamos atendiendo, por un lado, a las primeras consecuencias de las decisiones gubernamentales o lo que se ve, y por otro, a los últimos efectos de dichas medidas adoptadas o lo que no se ve. En este comentario examinaremos el caso de las privatizaciones desde el mismo prisma.

Privatizaciones

En el panorama político actual, ningún partido con representación o que si quiera opte a ella, plantea, ni por asomo, una privatización de cualquier servicio público. Es más, la posibilidad o rumor de que un partido tenga intención de privatizar algo es usado como arma arrojadiza para despreciar a esa formación política y quitarle votos. Veamos algunos casos relacionados con la salud.

Siempre que se propone cualquier privatización, nos recuerdan ejemplos concretos de malas gestiones. Esta es la realidad de algunos centros sanitarios de la comunidad de Madrid, que pasaron a ser de gestión privada y acabaron ofreciendo un peor servicio que los públicos. Pero, ¿realmente es una auténtica privatización? No. Porque el capital y los fondos seguían siendo públicos. Si los gestores disponen libremente de fondos que no son suyos, no existirá ningún incentivo para que hagan un buen empleo de los mismos. Es decir, que una privatización implica que la gestión y el capital pasen a manos privadas, de manera completa. Lo que se ve es que la gestión privada es peor que la pública, pero, lo que no se ve es que los fondos siguen siendo públicos y que la privatización no se ha completado.

Otro típico argumento es recurrir al defectuoso sistema sanitario privado de EEUU, donde los tratamientos y precios están disparados, dejando a muchas personas sin acceso a un servicio de salud digno. Lo que no saben es que este encarecimiento se debe, principalmente, a la exención en el impuesto sobre la renta y en las contribuciones empresariales a la Seguridad Social de los gastos asociados a la contratación de un seguro sanitario en favor del trabajador. Una medida de intervención política que ha hecho que crezca la demanda en el sector sanitario, al disponer las empresas de seguros de más fondos, y que esto haya sido aprovechado por la oferta sanitaria para subir los precios de manera abusiva. Lo que se ve es que la gestión privada es pésima, pero, que esto se deba a una medida de intervención política es lo que no se ve. En Europa pasa lo mismo, solo que los precios no pueden dispararse porque, al ser la oferta pública, está controlada por los políticos. Singapur, Suiza o Hong Kongson mejores modelos de países donde el sector privado tiene más peso en el sistema sanitario.

Que la sanidad sea privada tampoco significa que solo puedan permitírsela los ricos. Muchas otras necesidades en las que las familias gastan importantes sumas de dinero, como la alimentación, dependen de empresas privadas. Si alguna familia no puede permitirse una buena alimentación (que ya son pocas), existen entidades caritativas privadas que se encargan de proveer a dichas familias.

Y estos ejemplos de un sector más delicado como el sanitario, pueden extrapolarse a cualquier otro campo. Las privatizaciones son preferibles porque, gracias a los incentivos que genera la propiedad privada, se consiguen procesos más eficientes y productivos, que resultan en menores costes y precios, y mejores servicios para los usuarios. Siguiendo con anécdotas sanitarias, tenemos en España el caso de la odontología, oficio que no cubre los servicios públicos y que se ha convertido en accesible para la mayoría de las personas gracias a la increíble reducción de precios. Es más, los mismos profesionales colaboran y se asocian en organizaciones voluntarias para ofrecer su tiempo en tratar a pacientes que no pueden permitirse sus servicios, de manera altruista. Lo que se ve es que la sanidad va a ser inaccesible para muchas personas al ser privada; lo que no se ve es que por la reducción de costes y por la concienciación social, más personas pueden disfrutar de una mejor sanidad.

Esto mismo que ocurre con la sanidad, pasa con cualquier otra actividad: educación, pensiones, prestaciones por desempleo, etc. Que no nos confundan con lo que se ve a simple vista, quedémonos con lo que no se ve: cuando algo se somete a plena libertad y competencia, donde predomina la soberanía del consumidor y usuario y no de un político, los precios bajan, los procesos mejoran y se convierten en más eficientes y accesibles para todo el mundo.

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