La ciencia económica nació en España


En numerosas ocasiones miramos otros países con envidia por la cantidad de teorías e ideas científicas y artísticas que han aportado a la humanidad. Y, después de ello, nos avergonzamos creyendo que España solo fue grande e importante por la extensión de su imperio o por la cantidad de batallas que fue capaz de ganar. Sin embargo, y para sorpresa y alegría de muchos, hubo una gran escuela de pensamiento española, que construyó grandes teorías para la ciencia económica en el Siglo de Oro. Esa fue la Escuela de Salamanca, o como otros expertos se empeñan en bautizar (desde mi punto de vista, con buen gusto):Escuela Española de Economía.

Tal importancia tuvo nuestra escuela, que hasta el gran economista Joseph Schumpeter afirmó, en una de sus obras más conocidas, que es muy posible que el origen dela ciencia económica estuviera en España, en concreto, en los postulados desarrollados por la Escuela de Salamanca.

Sería entonces poco honroso que un español no conociera quiénes fueron los ilustres personajes, que contribuyeron a que los motivos para sentir orgullo de ser español fueran muchos más, y, sobre todo, cuáles fueron sus investigaciones.

Los autores y sus contribuciones

Francisco de Vitoria, Juan de Mariana, Luis de Molina, Martín de Azpilicueta o Diego de Covarrubias son algunos de los más importantes representantes de esta Escuela. Y en lo referente a campos de estudio, podemos hallar producción intelectual sobre temas como la justificación de la propiedad privada y el beneficio, teorías del dinero y los precios o incluso, teoría del interés.

Francisco de Vitoria (Burgos,1483 – Salamanca, 1546) defendió y justificó porqué era moral el comercio con objeto del enriquecimiento propio y cómo de importante era la idea de libertad de circulación de personas, bienes e ideas, en una época donde el lucro empresarial individualno estaba bien visto.

También se postularon los escolásticos en favor de una defensa férrea de la propiedad privada, tanto desde un punto de vista moral como práctico. Así, Diego de Covarrubias (Toledo, 1512 – Madrid, 1577) afirmó que era legítima la apropiación no solo de determinados recursos, sino de toda producción generada por uno mismo. Y el propio Luis de Molina (Cuenca, 1535 – Madrid, 1600)defendió la propiedad por el papel eficiente que jugabaesta institución en el mercado; algo que años después haría el gran Mises, con su justificación cataláctica (basada en el mercado, en su uso y consecuencias) de la propiedad. Dos intelectuales que también fueron impulsores de la teoría subjetiva del valor, que siglos después sería eje central de una revolución dentro de la teoría económica, conocida como revolución marginalista.

Martín de Azpilicueta (Navarra, 1492 – Roma, 1586) y, de nuevo, Luis de Molina, sembraron la semilla con su teoría del valor-escasez, que serviría de pilar a la fundamental teoría cuantitativa del dinero; una teoría monetaria que justifica como variaciones en la masa monetaria pueden traer consigo procesos inflacionarios o deflacionarios.

Asimismo, en unos tiempos en los que aplicar un tipo de interés podía considerarse usura, incluso algo pecaminoso, la Escuela de Salamanca defendió el papel del tipo de interés desde el punto de vista del coste de oportunidad y del riesgo, y el mismo Martín de Azpilicueta es quien introduce la variable tiempo en el origen del interés; elemento que hoy es clave en cualquier teoría u operación financiera. A saber, se prefiere el dinero hoy a mañana, es por eso que debe de existir un incentivo a percibir el dinero mañana. Ese incentivo es lo que conocemos como interés.

Muchas más aportaciones y teorías son las descubiertas e investigadas por la gran Escuela de Salamanca, como es el caso de las críticas de Juan de Mariana (Talavera de la Reina, 1536 – Toledo, 1624) hacia la tiranía, o reconocer la inflación como un impuesto encubierto (llamado impuesto inflacionario), donde el rey depreciaba el valor de la moneda, lo que hacía perder poder adquisitivo al pueblo en favor del regente.

Sin lugar a dudas, los españoles podemos sentir orgullo por la gran labor que nuestros antepasados realizaron en favor del desarrollo de las ciencias a través de la labor académica. Igualmente, conocer nuestro pasado nos puede motivar a hacer honor a nuestra historia, para construir nosotros grandes teorías y doctrinas que puedan tornar el rumbo actual a mejor puerto, en favor de toda la humanidad.

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