La caza de cuernos produce riqueza en zonas desfavorecidas


Coincidiendo con el reciente cierre de temporada de caza y la manifestación del pasado día 15 de abril de millones de cazadores en 50 ciudades de España hemos pensado que sería actual  dar unos datos de la generación de riqueza de esta actividad cinegética.

La contribución de la caza al mantenimiento de la Biodiversidad y al desarrollo económico de las áreas no urbanas y zonas rurales desfavorecidas, es reconocido a nivel nacional por la Ley para el Desarrollo Sostenible del Medio Rural y a nivel internacional por varias entidades volcadas en la conservación de la Biodiversidad, destacando la Unión Internacional de la Conservación de la Naturaleza” es así como López Shummer presidente de la Asociación Artemisan inicia su presentación de esta asociación. Por otro lado la Junta de Andalucía reconoce  en la  Ley 8/2003 de la Flora y Fauna Silvestre  publicada por el BOJA nº 218 el 12 de noviembre de 2003 la que indica “ La caza y la pesca continental constituyen en Andalucía un significativo campo de actividad de dimensión social, deportiva, cultural, ecológica y económica, movilizando a un amplio colectivo que cuenta con organizaciones deportivas asentadas territorialmente” por último en la ley  33/2015 se insiste en ” fomentar el apoyo de las Administraciones públicas a las actividades económicas compatibles con la conservación de los espacios naturales protegidos que contribuyan al bienestar de las poblaciones locales y a la creación de empleo” queda con estas afirmaciones de instituciones de reconocida importancia y solvencia, la necesidad, obligatoriedad y legalidad de esta actividad económica en nuestro país y, por tanto, no nos encontramos capacitados para cuestionar la necesidad de esta actividad económica. La caza es reconocida por múltiples organismos internacionales (incluida la Comisión Europea) como un instrumento de gestión de la fauna silvestre y de los ecosistemas, por el impacto positivo que tiene tanto en las especies cinegéticas como en las que no lo son.

Aprovechamos pues, estas categorizaciones (y el apoyo mostrado por nuestra presidenta Susana Díaz a los cazadores, son más de 250.000 licencias de caza en Andalucía) para evitar el debate sobre de la bondad o no de la actividad cinegética (concretamente la caza) y nos limitaremos como siempre, a aportar algunos datos numéricos reales que justifican la existencia de esta actividad.

En España los cotos de caza ocupan más del 90% del territorio nacional, aunque en cada una de las comunidades hay una normativa. Los últimos estudiosaseguran que la caza genera en España de forma directa en torno a 6.475 millones de euros al año y emplea a 187.000 personas, de los cuales 56.000 serían empleos “fijos”. Según la Federación Española de Caza el sector aporta cerca de 4.000 millones de facturación siendo el quinto en aportación al PIB (0,3% PIB nacional Andalucía son más de medio millón los que participan de esta actividad según el responsable de la consejería de medio ambiente Sr. Fiscal, que también destacó el gran trabajo que está realizando la Federación Andaluza de Caza (FAC).

Además de este flujo económico interior (incluyendo los traslados y pernoctaciones de los cazadores españoles a otras comunidades autónomas)  debemos tener en cuenta que España es el segundo país más importante en número de cazadores que tienen como destino un país extranjero (más de 50.000 al año). Para nuestra nación se trata de un turismo de alto standing que aporta unos ingresos directos e indirectos muy importantes para la economía rural. El turismo relacionado con la caza se ha convertido ya en una importante alternativa turística en muchos espacios rurales. Es una actividad que supone una transformación que va más allá de los tradicionales modelos económicos del campo; como tipología turística, el turismo cinegético es una forma de reinventar la caza, se trata de un turismo de alto nivel y que aún está  sin explotar en su totalidad.

Tradicionalmente vienen distinguiéndose dos modalidades de caza: la denominada “caza mayor” (venados, jabalís, gamos, etc.)  y la llamada “caza menor” (perdiz, conejo, zorzal, etc.). además de otras modalidades como el rececho que a pesar de su interés no cuenta con tantos practicantes como las anteriores. En Córdoba hay un censo de casi 70.000 cazadores y  1.469 cotos, de los cuales 1.204 de caza menor y 265 de caza mayor, lo que supone una superficie de más de un millón de hectáreas dedicadas a esta actividad De la caza menor es difícil obtener datos, y de la mayor alguno es posible aunque cualquiera que conozca el mundo cinegético no pondría la mano en el fuego por los datos económicos que se declaran. A pesar de esto en la provincia de Córdoba son cerca de 20 millones los ingresos reconocidos (en licencias 652.000 euros) en las 510 actividades cinegéticas autorizadas.

De las piezas cazadas (aproximadamente 25.000) dos terceras partes suponen venados con más de doce puntas, lo que ha supuesto unos ingresos superiores a los 15 millones de euros. No en vano algún orgánico ha dicho siempre que “cazar los cuernos deja dinero”.

No obstante a pesar de ser, como demuestran los datos, una actividad generadora de riqueza y puestos de trabajo fijos (además de los eventuales difícilmente cuantificables) tanto para los dueños de las fincas/cotos como para los orgánicos esta actividad cada vez resulta menos “rentable”. El cuidado y mejora de las fincas es cada vez más costoso y las ayudas públicas lejos de favorecer esta actividad generadora de ingresos es cada vez más desfavorable a este movimiento, las administraciones públicas se encuentran presionadas por grupos ecologistas que desoyen cualquier argumento distinto a su pensamiento.   Los “ecolojetas”, como los llamó el presidente de Asaja deberían de pensar un poco con una mente más abierta, y considerar que en zonas rurales la caza es su “modus vivendi” y que favorecen la conservación de la biodiversidad.

Estamos totalmente de acuerdo en la defensa de nuestra naturaleza, pero llevando a cabo el aprovechamiento de un recurso natural renovable que repercute en el desarrollo económico, ecológico y social de zonas rurales menos favorecidas que muchas de ellas tienen en esta actividad su principal fuentes de ingresos queda demostrado su necesidad, y como siempre sin demagogia barata, sino con los datos en la mano.

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