Lux perpetua luceat eis


Noviembre, que trae en sus días el azabache de la pena grabado a fuego, nos hace volver la mirada a otros tiempos en que comenzamos a honrar a los que partieron

Altar de cultos del Cristo del Remedio de Ánimas./Foto: Ánimas
Altar de cultos del Cristo del Remedio de Ánimas./Foto: Ánimas

La luz es distinta en las atardecidas de noviembre.

En las veletas y en las espadañas de la ciudad comienza a recostarse la luminaria del sol, mientras en el acerado, el otoño inicia su lenta melodía rojiza y reseca, con el tránsito y el deambular de los viandantes. 

Pero la ciudad ya sabía antes de que terminase octubre, que el otoño llegaría sin avisar como siempre, con la primeras convocatorias de los cultos de la Señora del Amparo y del Cristo del Remedio de Ánimas.

Han anunciado este mes el luto de la Madre de Dios en sus ropajes, los días que se despiertan frescos, las flores que visten los camposantos de Nuestra Señora de la Salud, San Rafael, y la Fuensanta y las misas en sufragio por los que partieron con el Altísimo y nos dejaron el alma huérfana de sus presencias.

Este noviembre, que trae en sus días el azabache de la pena grabado a fuego, nos hace volver la mirada a otros tiempos en que comenzamos a honrar a los que partieron. Desde que en 1563 el Concilio de Trento, corrobora la existencia del purgatorio haciendo hincapié en que se fomenten los sufragios por los difuntos y erigiéndose las primeras corporaciones de Ánimas Benditas.

En nuestra ciudad y en la provincia, se fundaron un número considerable de las muy antiguas Hermandades de Ánimas Benditas, para ofrecer honras fúnebres a los hermanos y misas de réquiem. Al mismo tiempo se erigían en Andalucía, cofradías en honor a San Miguel, como pesador de las almas y a San Pedro en cuya posesión se encuentran las llaves del cielo, así como en honor a los Santos Ángeles, fundadas para intercesión de estos seres celestiales alados, por las almas difuntas, ante Dios Nuestro Señor. De estas últimas corporaciones se tienen noticias desde 1458.

Es este noviembre en que nos encontramos, un tiempo sin duda, que invita a la reflexión de lo que somos y en lo que nos convertiremos todos sin excepción. Esa visión preclara del tránsito de la opulencia y la vanidad altanera a la miserable levedad humana que da con sus huesos en un arca que inundará la tierra y muchas veces hasta el olvido más absoluto y que describió de manera sublime el irrepetible Juan de Valdés Leal con su inigualable importa pictórica.

Un otoño de ausencias y de presencias, que toma por sorpresa las esquinas de la ciudad, besando con los últimos rayos de luz, las Plantas Benditas de la Reina del Cielo, en un barrio absolutamente entregado a su devoción, que derrama su Amparo entre quienes ansían su perpetua protección, cobijados al amor del templo franciscano que en nombre del “Poverello” y San Eulogio se erigió.

En estas calendas de noviembre se llevan a cabo los cultos a las ánimas del purgatorio que consolida cada año, una tradición que perdura en la historia.

Aunque en nuestros días, es la Hermandad del Remedio de Ánimas la única que atesora esta advocación para su Titular Cristífero, existieron en Córdoba un cuantioso número de cofradías dedicadas a dar culto a las almas del purgatorio y que tenían presencia en la práctica totalidad de las parroquias.

Cuando hablamos de las ánimas del purgatorio, es fundamental mencionar la devoción a Nuestra Señora de Carmen, pues Ella se encuentra especialmente vinculada a la intercesión para la purificación de las almas del purgatorio, y tal como S.S. Juan XXII expresó en la Bula Sabatina promulgada en 1322, Ella es la intercesora para todos los difuntos, así consta en la misma: “el sábado siguiente a la muerte, la Virgen del Carmen intercedería para que el alma del difunto, que ha vestido con devoción el Santo Escapulario, saliera del purgatorio y pasara a la Vida Eterna”. Por ello, la Madre del Carmelo y las ánimas, se ven reflejadas en innumerables cuadros, retablos, azulejos e incluso tallas. Estas representaciones artísticas, formaban parte del patrimonio de las hermandades de ánimas y se entronizaban en los altares y capillas que estas atesoraban en las parroquias.

El germen de estas hermandades, procede de mediados del siglo XV, siendo su arraigo en la religiosidad popular tan considerable, que en la práctica totalidad de las parroquias existían hermandades Sacramentales y de Ánimas, circunstancia que, con el paso del tiempo, da lugar a la fusión entre ambas corporaciones que de tan estrecha relación gozaban y cuyas reglas tenían muchísima semejanza entre sí, en tanto en cuanto se refiere a deberes y obligaciones.

En las postrimerías del siglo XV, en Córdoba, se tiene conocimiento de la existencia de diversas cofradías de Ánimas, que se sitúan en las parroquias de San Andrés, San Lorenzo (1545) y Santa Marina de Aguas Santas (primitivas ordenanzas aprobadas en 1499, según refleja en el libro “Estatutos de la Cofradía de Jesús Resucitado y Ánimas Benditas del Purgatorio de Córdoba a mediados del siglo XVI”, de Antonio Cantero Muñoz y Rafael Frías Marín. 2021), así como en el convento de San Agustín y en los hospitales de San Sebastián y San Martín.

Destacar el Origen de la Hermandad del Remedio de Ánimas, que se remonta a 1537, concretamente en la ermita de Nuestra Señora de las Montañas, otrora Hospital de San Martín (dicho apunte lo recoge Ramírez de Arellano en sus “Paseos por Córdoba” de 1873), trasladándose posteriormente a la parroquia de San Lorenzo en 1690.

A modo de apunte para el recuerdo de la historia, traemos a esta columna los datos que se recogen en la relación que se lleva a cabo por el intendente Pedro Francisco de Priego y en virtud a la orden del Conde de Aranda del 28 de septiembre de 1770.

En dicho censo, figuran las hermandades vigentes en 1773. En este caso, hacemos exclusivamente a las que daban culto al Santísimo Sacramento y las de Ánimas Benditas, siendo estas 27 en Córdoba capital y 107 en la provincia, lo que arroja un cómputo total de 134 cofradías.

Queda por tanto patente la presencia de las Hermandades de Ánimas en 1773 en Córdoba, Bujalance, Lucena, Puente Don Gonzalo, Fuente Ovejuna, Los Pedroches, Villanueva de Córdoba, Baena, Bujalance, Palma del Río, Villaviciosa, Guadalcázar, Cabra, Montilla, El Viso, La Rambla, Iznájar, Luque, Guadalmez, Chillón, Montuquer, Montemayor, Pedro Abad, Conquista, Santaella, Montoro, Doña Mencía, Torrefranca, El Guijo, Benamejí, Hornachuelos, Alcaracezos, Santa Eufemia, Adamuz,  y Fuentetójar, entre otros.

Aunque como hemos mencionado en este artículo, la práctica mayoría de las hermandades de Ánimas Benditas, como consecuencia de languidecer en el tiempo, se han fusionado con las hermandades Sacramentales y estas a su vez con las de Penitencia, sus principales reglas, continúan vigentes, en los cultos internos de noviembre de infinidad de cofradías, en las recogidas oraciones pronunciadas en los cenobios y monasterios, y en la intimidad de los hogares, donde la tenue luz de las velas o de las olvidadas “mariposas” que nadaban tímidamente en aceite, sirven para alumbrar el camino de los que un día partieron con el Altísimo y fueron bastiones fundamentales de nuestra existencia.