El Síndrome Espada


Vaya por delante que, lo de Arcadi, tiene una explicación mucho más simple de lo que podamos imaginar. Alguien que siente mediocre, piensa mediocre y escribe mediocre, no tiene más remedio que alimentarse de la polémica para hacerse notar, para poder vivir de su mediocridad. Pensémoslo que, si no dijera las barbaridades que dice, muy probablemente, pasaría inadvertido. Es un “buscabullas” profesional. Ese perfil abunda mucho en el periodismo-basura y, aunque ayer hiciera públicamente el más espantoso de los ridículos, a él le da igual, porque lo necesita como el comer. Nunca verás a Arcadi Espada convertido en “trending topic” por sus méritos, sino sólo por las animaladas que se le ocurre soltar de vez en cuando.

Ahora bien, analicemos que más hay detrás del personaje. Y, lo primero que salta a la vista, es el desconocimiento. Dicho en dos sentidos: el técnico y el de fondo. En el técnico, se le escapa al tertuliano que la Constitución, la que nosotros queremos (a lo mejor, él, no) se basa en el Estado del Bienestar, sustentado por un principio de Solidaridad que nos sirve a todos los españoles para confiar en que siempre habrá recursos para cuando cualquiera los necesite, incluso él, si algún día los requiere. Todos los que contribuimos lo hacemos pensando que así sea. De fondo, desconoce claramente el alcance del dinero público para una familia de las que ha atacado. Por la parte que me toca, la aportación pública a los cuidados de mi hija quedan, sensiblemente por debajo de la aportación de sus padres y sensiblemente por debajo de lo que generamos mi mujer y yo a las cuentas públicas.

Habría que preguntar al común de los mortales contribuyentes si prefieren dedicar mil euros a los cuidados de esos niños o un solo céntimo al cuidado de gente insensible como el Sr. Espada. Sería interesante. Porque tantas familias no podemos estar equivocadas. Todos coincidimos en lo mismo. El reseteo de valores que supone pasar por una experiencia así es increíble. Por supuesto, nadie, absolutamente nadie, quiere para un hijo unas circunstancias como ésas, pero no os podéis imaginar la intensidad y el orgullo con se vive el superarlo juntos, y contagiarse, irremediablemente, de cariño a su alrededor. Me quedo con eso, qué quieres que te diga.

Ahora, lo que hace peculiar a este personaje es que él tiene un altavoz mediático para decir todo lo que quiera. Es lo que tienen las redes sociales. Pero hay muchos como él, que pasan más desapercibidos en su día a día. Yo he tenido la (maldita) suerte de cruzarme con algunos por el camino. Uno, por ejemplo, llegó a sugerir que yo tenía que haber consultado a mi familia si mi hija tenía que venir a este mundo, tal cual. Otro, cambió a su hija de colegio porque cayó en clase con la mía. Y algunos ejemplos más que, sinceramente, no me quitan el sueño. Son gente miserable, desgraciada, que ya tienen suficiente con sobrellevar su amargada existencia. No espero nada de ellos, así no me decepcionan.

En fin. El otro día me llegaba un meme con Sigmund Freud que decía, muy serio, cigarro en mano: “tú estás bien porque aún no hemos puesto nombre a lo tuyo”. Alégrate, Arcadi, campeón. Que ya sabemos lo que te pasa…

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