Un dragón…


Todavía estoy asimilando lo que vieron mis ojos el pasado cinco de enero, campando a sus anchas, en pleno centro de la ciudad: nada menos que un dragón, ¡un dragón chino!

Descartando intoxicación etílica, analizo el escenario, que no es otro que la Cabalgata de SSMM los Reyes Magos, a su paso por Córdoba. Vaya por delante que no recuerdo ninguna edición que me resultara especialmente atractiva. Por supuesto, lo de espectacular, no puedo decirlo de ninguna. Hay que asumir que, de momento, no hemos demostrado tener el “arte” suficiente para ser un referente recibiendo a la comitiva de Oriente o, por lo menos, no lo recuerda mi memoria.

Viendo muchos elementos del desfile, uno llega a la conclusión de que no es que faltaran unos u otros elementos aquella tarde, es que faltaba algo que se nota y se echa de menos a la mínima de cambio: cariño. No se le puso el cariño que merece algo tan sensible como es un evento dirigido a los más pequeños de la casa.

Y es una lástima, porque tienes unas calles abarrotadas con un público súper agradecido, como son los niños, y no entienden nada de lo que ven. Eso mismo, lo sueltas cualquier otro día del año, y les hubiera valido igualmente. No, no hubo cariño. Está claro. Y estoy seguro que, hasta la familia más pagana, comparte la tradición, con más o menos matices, de dar la sorpresa a sus niños en esas fechas. Pues eso, una lástima desaprovechar una ocasión de oro al año para sacar pecho de algo en la ciudad que gestionas.

Carrozas simplonas, abundante escasez –si se me permite el juego de palabras- de regalos que se dosificaban visiblemente con cuentagotas, personajes tétricos que no pintaban absolutamente nada en la escena que todos recuerdan de hace unos veinte siglos en Belén. Un dragón, no digo más. No recuerdo en qué punto me perdí su participación en aquello del pesebre. No sé si estaba escondido tras la mula y el buey, o lo encontraron los pastores o si se lo trajeron sus majestades desde tierras lejanas. Un dragón… En fin.

Ocurrencias como tirar mandarinas… Avisad, por favor, que estamos muchos padres cogiendo a hombros a niños pequeños y estamos preparados para todo tipos de artefactos desde caramelos hasta paquetillos de gusanitos pero, ¿mandarinas? No sé yo si se puede considerar arma blanca…

Unos gatos extraños; osos polares; superhéroes, sin nada de súper ni de héroes, que dan más miedo que otra cosa; no sé, llamadme raro, pero no termino de encajarlo. Se supone que recibimos una expedición “Real” venida desde muy lejos y merece las mejores galas, y les damos eso.

Me pareció corta. Veo las muestras de otras ciudades y veo la vida que da ver a cientos de chiquillos desfilando junto a sus reyes, cada grupo ataviado para acompañar a cada Rey. Veo detalles cutres, donde se agradece la intención pero no llegan a enganchar al público. Se podría buscar mayor implicación de las bandas de música o de charangas, que se les caigan los dedos de tocar melodías propias de la ocasión. Estoy seguro que estarían encantados, sobretodo porque sus niños también los estarán viendo. Es una oportunidad para volcarse desde muchos colectivos y, qué quieres que te diga, siempre la recuerdo malparada y maltratada.

Soy libre de interpretar el fallo como quiera, y tengo que insistir en lo primero. Si falta cariño, si falta creer en lo que estás haciendo, saldrá lo que salió: un bodrio, un esperpento, un ridículo ajeno muy sufrido por los que somos más mayores y tenemos que explicar a nuestros hijos las obvias diferencias entre eso y lo que ven por la tele.

Y concluyo, y me duele hacerlo, en el empeño que se adivina en los regidores actuales en no tomarse en serio, un año más, la Cabalgata. Han demostrado que saben hacerlo. La Batalla de las Flores suele salir genial. El Carnaval, aun teniendo infinitamente menos asistencia de público, también salva el expediente. Cualquier manifestación por los colectivos más diversos recibe toda la atención del Consistorio. Pero a los Reyes… Pues bien, si les escuece que haya una calara (y aplastante) mayoría que respeta esa tradición con mayor o menor apoyo en las creencias religiosas, les sugiero una cosa: inventen ustedes una historia propia, a su gusto y antojo, con reivindicación del tipo que ustedes consideren, denle vida durante años, unos dos mil para estar a la altura, a ver si aguanta. Pero no sigan empeñados en desvirtuar algo que tanta gente mantiene con tanto celo de generación en generación porque la reincidente ofensa, año tras año, cada vez se entiende menos la verdad.

Un dragón chino, por favor…

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