Los que no votan


Si eres padre sabrás ya lo que le cuesta a un niño hacerse a un entorno, a una rutina. Sabrás también, seguramente, lo que les cuesta despegarse de esas circunstancias. Un colegio, unos compañeros, unos profesores, incluso tener a su hermano en el propio centro, es algo que para los niños se traduce en estabilidad, y lo agradecen, y lo replican en su día a día. Un niño que se encuentra a gusto, se desenvolverá mucho mejor que otro que no lo esté. De cajón.

Vamos a complicarlo más. Vamos a decir que, además, ese niño sufre un trastorno del espectro autista. Entonces, todo lo que hemos dicho cobra incluso mayor relevancia. Como padre de un niño en esas circunstancias, harías todo lo que esté en tu mano para que no toquen ni un centímetro del entorno de tu hijo, porque pondrías en juego su estabilidad, ésa que te vale millones.

En ésas se está viendo la familia de Cristian, un chaval de La Carlota, que está experimentando toda la presión y las malas artes que puede utilizar la Administración cuando se atreve uno a llevarle la contraria. El chico estaba escolarizado en una modalidad B, esto es, compartiendo aula con un grupo de estudiantes en régimen ordinario y recibiendo apoyo puntualmente. Evoluciona. Va estupendamente. No hay quejas ni por el centro ni por la familia.

De repente, la Junta de Andalucía decide modificarle el régimen y “proponen” –no puedo evitar leer “imponen”– una modalidad C, esto es, sacarlo del aula ordinaria, y escolarizarlo en otro centro, separado de su hermano, en un aula específica sin importar todos los logros a nivel académico y de socialización alcanzados por el chico, que no son pocos.

La familia se moviliza con Conchi, la madre, al frente. Hace un ruido insoportable que se ha oído hasta San Telmo, a las puertas de las elecciones, y se desboca la furia de la Administración. Desde insinuar la pérdida de ayudas públicas hasta recibir llamadas del Delegado en persona –ahora sí-, pero para tapar las chapuzas, para acallar, sin plantear más alternativas que las que mandan los cánones financieros de la Junta. Porque resulta, como ya hemos comentado en otras ocasiones, que todo se reduce a una cuestión de dinero, de costes, de salir más barato incorporar al niño en otro centro, en un aula específica ya existente, aunque echemos por tierra lo alcanzado hasta ahora, que mantenerlo en un Colegio y destinar más recursos a que siga avanzando.

Ya nos sacaron los colores, a toda España, por el sistema educativo tan injusto que tenemos. Las familias que venimos tiempo quejándonos de la situación sentimos el golpe como espaldarazo hacia un sistema de inclusión real, tan lejos todavía. Pero lo que cuesta litros de saliva digerir es la actuación de una Administración que saca su apisonadora cuando no estás de acuerdo con su criterio, y le da absolutamente igual las circunstancias personales de quien tenga delante. Ni que sean niños, ni que tengan algún tipo de discapacidad. Total, si no votan…

1 Comentario

  1. Esto mismo me está sucediendo a mi, prometen muchas cosas pero esas promesas jamás las colocan por escrito . Son unos seres sin corazón. Apoltronados en su burocracia y escudados en sus leyes. Tienen su SERVICIO JURÍDICO. Y son ese servicio quien hacen y deshacen con sus leyes y las respuestas a todas las alegaciones que los padres mandemos. Yo soy de Pozoblanco y mi caso es igual al de Cristian. Estoy en un punto de resolver mi caso que es el de mi hijo Leo de 6 años con autismo y que la orientadora del colegio dictaminó que debía ser excluido de sus compañeros en un aula específica porque tiene pataletas . Y el señor delegado solo puede hacer caso a sus técnicos los informes que tú le lleves de otros especialistas no les valen nada . Administración injusta y sorda eso es lo que tenemos en Córdoba

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