Asegúrate de estar vivo


Será quizás porque, en lo poquito que llevamos de año, ya he saturado el cupo habitual de funerales. Seguramente tenga mucho que ver el hecho de que me lleguen noticias de la pérdida de amigos y conocidos a una edad impensable, a la que no debería morirse nadie. El caso es que no dejo de darle vueltas, una y otra vez, a las mismas ideas: que del sanatorio al tanatorio hay sólo una “ese”, vamos, un par de curvas; que la muerte se empeña en dejar claro que ella tiene y tendrá siempre la última palabra; y que, por mucho que no lo desees, a esta vida nos trajeron con fecha de caducidad sin que nadie nos haya dicho dónde está marcada.

En una de esas vueltas a la cabeza, poco menos que me sale un decálogo que intentaré aplicarme a rajatabla:

1. No te olvides de vivir, con todo lo que conlleva. La vida son risas y son lágrimas. Asume, sin agobiarte los momentos duros que vengan con la esperanza de que, como todo, también pasarán.
2. Rodéate de lo que alimenta tu vida. Igual que eres lo que comes, serás lo que percibas a tu alrededor. Si te rodeas de energía, de entusiasmo, de ilusión, serás energía, entusiasmo e ilusión. Si te rodeas de negatividad, crítica y rencor, sólo aspirarás a ser eso. Sé un “egoísta” de la buena energía y genera felicidad a tu alrededor para alimentarte de ella.
3. Disfruta de los detalles de tu vida. Vive como si estuvieras rodando la película de tu propia historia. Decide el guion, la trama y los personajes. Alíñala a tu gusto, con emoción, aventura o comedia, pero haz algo que al final te gustaría ver una y otra vez, sin cansarte de verlo.
4. Aprende a pasar página. Si decides romper con algo o alguien, no lo traigas a la memoria constantemente. Nuestro tiempo es corto, y un segundo malgastado en algo que no avanza es un segundo perdido. Al final de todo verás lo que suman todos esos segundos perdidos, y desearás que hubiesen sido muchos menos.
5. No tengas reparos en pedir perdón. Cuanto antes lo hagas, mejor te sentirás. El sentimiento de culpa tiene la manía de crecer con el silencio, y no te aporta nada. Sé valiente y sé objetivo en tu examen de conciencia. Si crees que debes hacerlo, hazlo cuanto antes, sin matices, sin medias tintas. Si crees que no, aplícate la regla anterior.
6. Escucha a los que te quieren. Tenlos bien identificados y cerca de ti. Hasta los empresarios de mayor éxito en la historia supieron siempre tener a mano excelentes asesores. Ojo, esa gente de éxito tampoco dudó jamás en despedir a un mal consejero.
7. Nunca pierdas la consciencia en tu día a día, porque cualquiera puede ser el último. Vive sabiendo que en cualquier momento todo se acaba, pero sin angustiarte. En una fiesta, cuando sabes que va terminando, intensificas tu diversión, no te pones a llorar.
8. Valora el tiempo de los demás como el tuyo propio. Y valora el tuyo propio como el de los demás. La gente que te aprecia no dudará en regalarte eso que nunca recuperará: tiempo. Haz lo mismo y disfruta gestionando y regalando tu tiempo. No te arrepientas de una decisión tomada. Es imposible volver atrás. Si es preciso, repasa las reglas 4 y 5, pero no te castigues por algo que ya no está en tu mano.
9. Intenta hacer algo por lo que seas recordado. No se trata de fama, no es eso. El recuerdo tuyo, aunque sea en la cabeza de una sola persona, perdurará en el tiempo cuando tu no estés. Te agradará pensar que alguien te recuerde el día de mañana y lo haga con emoción, con morriña. Igualmente, dedica algunos momentos de tu intimidad a recordar a aquellos que ya no están contigo. Desde la nostalgia, busca algún buen recuerdo que te haga sonreír.
10. Asegúrate de estar vivo. Vuelve a la primera de las normas. Si no has sufrido, si no has disfrutado, si no has reído ni llorado lo suficiente, es probable que seas lo más parecido a zombi. La vida te da fuertes pellizcos de vez en cuando para recordarte eso mismo, que no es un sueño. Espabila. Vive.

No creo que nadie tenga la clave para ser feliz en la vida. No hay un modelo válido para todos. Solteros o casados; con o sin niños, con o sin mascotas; con mentalidad prudente o cabra desbocada. No puede haber una fórmula exacta para alcanzar ese éxtasis en forma de felicidad. Seguramente porque la felicidad no se alcanza, no es una meta, sino que es una forma de vivir que muchos reconocerán cuando te toque morir. De modo que, al final, puedan decir de ti: “sí, es una lástima, pero vivió muy feliz”.

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